sábado, 11 de noviembre de 2017

Cómic erótico

Sybilline et al. Primeras veces (2008)
Milo Manara, El Clic (1982-2001)
Guido Crepax, Valentina (1965-1995)

Pocas veces hemos comentando en esta tertulia cómics que incluyeran como un elemento central de su trama el sexo explícito. Las muestras más claras han sido el relato autobiográfico Fresa y chocolate (Aurelia Aurita), la fantasía con personajes clásicos de la literatura popular del siglo XIX Lost Girls (Alan Moore y Melinda Gebbie) y el cómic independiente Omaha (Reed Waller y Kate Morley).
Aprovechamos este mes para contraponer narrativas muy diferentes. Por un lado, la de dos artistas italianos que marcaron la historieta europea de la segunda mitad del siglo XX, pero que en el momento actual parecen muy desfasados, ya que se limitan a repetir modelos de historia y personajes sin apenas variaciones. Por otro, la de autores y autoras del cómic contemporáneo, que multiplican los puntos de vista, los temas que tratan y las formas de presentarnos sus propuestas.

"Queríamos mostrar, pero también contar. 
El sexo es ante todo un intercambio (...) Follamos porque nos gusta, porque nos descubrimos, porque aprendemos.
Me apetecía contar historias que recordasen que el sexo es hermoso y que dijeran que lo que para unos es un exceso, para otros es tierna normalidad."
Primeras veces incluye diez historias escritas por Sybilline y dibujadas por diez autores y autoras franceses, salvo Dave McKean -a él, Alfred y Cyril Pedrosa ya los conocíamos-.
Como perfecto contrapunto de El Clic y Valentina, presenta historias narradas en primera persona por las mujeres que las protagonizan. Cada una de ellas es un personaje diferente, no hay moldes que se repitan una y otra vez según las fantasías y preferencias del autor. Lo que se cuenta es mucho más que una excusa para mostrar escenas de sexo: se habla de quiénes somos, qué anhelamos, cómo nos relacionamos... Y en todo ello, como en nuestras vidas, el sexo ocupa un lugar importante.
Estos relatos breves incluyen ternura, decepción, complicidad, egoísmo, humor, fantasía, soledad, placer, dolor, vergüenza, libertad, reencuentro y, por supuesto, mucho deseo. ¿Cuál es vuestro favorito?
Traducimos aquí parte de una interesante entrevista a la responsable de los guiones de Primeras veces:
- ¿Por qué elegiste estas diez primeras veces y no otras?
- Diez ya eran muchas, me preocupaba que no funcionasen. No quería añadir una o dos historias más. Creo que elegí temas fáciles y fundamentales. Las primeras veces demasiado alejadas de lo habitual no hubiesen funcionado. Y, sobre todo, quería que se hiciesen eco de algo vivido o posible.
- Mientras escribías estas historias, confesaste que te habían molestado algunas prácticas sexuales. ¿Quieres hablar de eso?
- Vi películas X mientras escribía Primeras veces, quería ver cómo era la pornografía actual. Hay una verdadera guerra de ofertas en el porno, una escalada a veces violenta. Las películas se copian entre sí, encuentras los mismos tortazos, las mismas posiciones improbables, dobles penetraciones. A fuerza de ver esas imágenes, todo se vuelve obvio y accesible. Eh, atención, no lo critico, solo estoy un poco preocupada por quienes aprender a tocarse con el cine porno como única referencia. Escribí Negado para hablar de eso.
- Cuentas estas primeras veces con una sencillez sorprendente, con sinceridad. Para lograrlo, ¿tuviste que hacer un trabajo personal previo para gestionar tu propio pudor?
- ¡Gracias! La vergüenza es, a menudo, una muestra de inquietud en la relación con otras personas. Al principio, me dije que hacer un libro como este era tan fácil como correr desnuda bajo la Torre Eiffel. Y bueno, si lo piensas un poco, ¿por qué no? Sobre todo, me daba miedo no estar a la altura; abordar un "género" es aterrador. En cualquier caso, es más fácil poner por escrito lo que a veces no somos capaces de decir en voz alta.
- Cuando se escribe un cómic transgresor, el autor se expone mucho, ¿verdad? ¿Te preocupa la mirada de los demás?
- Aunque este libro no habla solo de mi experiencia, creo que se parece a mí. Es una obra íntima, donde cada autor ha puesto mucho de sí mismo. Donde podría pensar que iba a estar muy expuesta, al final estuve muy protegida. Por supuesto, me hice preguntas. ¿Qué van a decir, qué van a imaginar sobre mí, sobre lo que soy? Me da igual, no me importa. Aunque ese era el riesgo de aceptar este proyecto. El sexo es cada vez más accesible, pero continúa sonrojándonos y hace que nos riamos tontamente. Es un tema importante, pero delicado. Lo que saqué en claro de mis titubeos es que hacer un libro así sin asumir eso hubiera sido absurdo.
Las obras de Milo Manara y Guido Crepax, pese a inscribirse dentro del género erótico, tienen poco en común con los relatos de Sybilline. Quizá una de sus primeras veces, Negado (el sexto relato), refleja cierta actitud hacia las mujeres que está presente en los dos autores italianos:
"De hecho, todo lo hace de forma automática (...) Si pudiera, le diría hasta qué punto está al margen. Hasta qué punto es falso su imaginario sexual."

Los años 80 y 90 contemplaron el éxito del cómic erótico. Las revistas dedicadas a este género protagonizaban gran parte del crecimiento del mercado; por ejemplo, Kiss Cómix llegó a vender en España entre 20.000 y 30.000 ejemplares al mes y conoció ediciones internacionales. Según comentan quienes vivieron ese boom, el descenso drástico de ventas coincidió con el acceso masivo a internet.

 “Le propongo el mejor trato de su vida, caballero (…) Un mando a distancia para desencadenar en esa hermosa dama el furor erótico más devastador que haya experimentado en su vida.”
En ese contexto, la primera parte de El Clic (1982) mantuvo una demanda constante en librerías durante mucho tiempo. Gracias a esta breve historia, Milo Manara saltó a la fama, llegando a trabajar con Hugo Pratt (Verano indio, El Gaucho) y para Marvel -con cierta polémica- o DC Comics -donde tampoco se ha librado de conflictos-.
El relato original acumula escenas cómicas (la actitud del marido en el cine, la persecución en el hotel) que permiten enlazar los episodios sexuales. Las contradicciones narrativas se acentúan en las secuelas, con inconsistencias y cambios no explicados en la situación y actitud de varios personajes.
El interés del lector no se centra, por tanto, en el argumento, en el retrato de la corrupción e hipocresía de las clases altas o en su leve denuncia medioambiental, sino en la repetición de un modelo físico de mujer que, desde entonces, será una constante en la obra de Manara. Claudia Christiani es igual al resto de jóvenes que dibujará -de forma magistral- a lo largo de su carrera; los hombres también son personajes estereotipados -el marido viejo y engañado, el feo que desea a la joven hermosa, el excéntrico doctor extranjero, los jóvenes atractivos, etc.-, pero se diferencian entre sí por algo más que su peinado. Sin embargo, algunas explicaciones, que os recomendamos leer, convierten este hecho en un punto fuerte de su producción.
En cualquier caso, las opiniones encontradas sobre esta obra, más que en el contenido erótico -aunque el autor autocensuró una escena por temor a la posible reacción-, seguramente se centran en el rol que otorga a hombres y mujeres. El Clic muestra, a través de la exageración, una desigual relación entre géneros, pero sin aparente intención crítica: los varones insultan y pegan a la protagonista por expresar sus deseos, que ellos comparten; al mismo tiempo, se aprovechan de su conducta o la manejan como una marioneta sin voluntad propia.
En las obras de, por ejemplo, Julie Doucet también hay sexo explícito, pero presentado a través de códigos propios y una perspectiva que supera la visión androcéntrica. O -volviendo a la polémica de Manara con Marvel- es posible presentar a los personajes de una forma que les otorgue mayor significación.

“¡Diseñaré a una mujer diferente!… Nada de Dale Arden… O tipo el pelo largo y rubio… Una como Louise Brooks (…) Una con los ojos tristes.”
Valentina es un fumetto producto de la burguesía italiana de mitad del siglo XX, a la que pertenecía su autor, Guido Crepax. Las aventuras que protagoniza están llenas de elementos que forman parte del habitus de ese grupo (lo que P. Bourdieu definía como los esquemas de percepción, valoración, pensamiento y acción de una determinada posición social): referencias constantes a la mitología clásica, las grandes figuras de la alta cultura moderna y contemporánea, el surrealismo y el pop art. Particularmente interesante para la tertulia es la reivindicación del cómic de aventuras nacido en la década de los años 30: aparecen directamente Flash Gordon, Mandrake the Magician y The Phantom, mientras que las historias iniciales recuerdan a series como Secret Agent X-9 o John Carter.
La importancia de las ensoñaciones y la fantasía onírica, que tanto destaca Román Gubern en la introducción al tomo editado por Lumen (la editorial que trasladó por primera vez Valentina al castellano), conecta con el gusto de la época por el psicoanálisis; también está muy presente cierta interpretación de la teoría marxista. Como señala la historiadora del arte Francesca Lladó, su discurso da protagonismo a las “áreas del subconsciente y de la opresión sociológica.”
La evolución de las historias incrementa el protagonismo del personaje femenino y la carga erótica de las viñetas. Entre las que podéis leer en los ejemplares disponibles en la biblioteca, las más representativas son Valentina perdida en el país de los Soviets (1967), Los húsares de la muerte (1968, añadida en la reedición de Los subterráneos) y El doble delito de la calle Morgue (1976).

(Philip Rembrandt)- ¡Me parece demasiado sencillo, no puede ser así! ¡Necesitamos ir a Praga, a Vía Graficka, para pillar a los asesinos! Pero podría ser peligroso para ti.
(Valentina)- ¡Un momento! ¡Esta vez yo soy la protagonista de la historia… No puedes dejarme en casa!”
¿Es Valentina Roselli un personaje opuesto a Claudia Christiani? ¿Representa a una mujer que toma decisiones libremente, frente a quien es controlada por los hombres que la rodean? Lo comentaremos en la tertulia de diciembre 😊

Por último, gracias a Joste y Marijo por proponer el tema, a Mariví por sugerir que añadiésemos una autora y evitar así que presentásemos cómic erótico producido desde un punto de vista exclusivamente masculino, a Iosu por recomendar Primeras veces y a Nacho por su disponibilidad y esfuerzo.