jueves, 29 de marzo de 2018

Novelistas

Michèle Gazier y Bernard Ciccolini, Virginia Woolf (2011)
Jesús Marchamalo y Marc Torices, Cortázar (2017)
Premio de las Librerías de Navarra 2018
Premio Mejor Obra Nacional Splash Sagunt Comic Festival 2018

En la última década, el diálogo entre cómic y literatura ha dado como fruto, además de muchas adaptaciones de novelas, la aparición de un nuevo subgénero: la biografía de reconocidos escritores.
Kafka (R. Crumb, 1996) fue el antecedente al que han seguido B. Traven. Retrato de un anónimo célebre (Golo, 2007), The Beats (Harvey Pekar et al., 2009), Piscina Molitor. La vida swing de Boris Vian (C. Cailleaux y H. Bourhis, 2009), La huella de Lorca (El Torres y C. Hernández, 2011), Superzelda: la vida ilustrada de Zelda Fitzgerald (T. Lo Porto y D. Marotta, 2011), Pessoa & Cia (L. Pérez Vernetti, 2012), Thoreau: La vida sublime (M. Le Roy y A. Dan, 2012), el Premio Nacional de Cómic Dublinés (A. Zapico, 2012), Gabo: Memorias de una vida mágica (Ó. Pantoja et al., 2013), Rulfo: Una vida gráfica (Ó. Pantoja y F. Camargo, 2014) o Lorca: Un poeta en Nueva York (C. Esquembre, 2016).



Nos acercamos a este fenómeno a través de dos obras publicadas por Impedimenta y Nórdica, editoriales que tratan con mimo cada obra y están construyendo un catálogo que combina clásicos, contemporáneos y novela gráfica, difuminando los límites entre géneros y artes.
Virginia Woolf aprovecha la ingente cantidad de material -cartas, diarios, ensayos y novelas- que dejó su protagonista para presentar una visión de esta autora que recoge los episodios más destacados de su vida: la creación del grupo de Bloomsbury en torno a ella y sus hermanos, la dirección de Hogarth Press, su compromiso social, el papel de la familia, el sufrimiento provocado por las sucesivas pérdidas, el transtorno bipolar y, sobre todo, su obra literaria.
Michèle Gazier -traductora y profesora de  español, crítica literaria, editora, novelista, guionista de documentales y autora de varias obras sobre mujeres artistas en colaboración con otros dibujantes- reconoce la influencia de la biografía autorizada de Quentin Bell. Al mismo tiempo, coincide con el enfoque que plantea una obra publicada el mismo año: Virginia Woolf. La vida por escrito (Irene Ch. Bauer, 2012), donde las sombras necesarias para entender a la persona y la obra no ocultan las luces de una de las escritoras anglosajonas fundamentales.
Las acuarelas de Bernard Ciccolini -ilustrador infantil, editor y dibujante de biografías sobre Coco Chanel, Diane Fossey y, junto a Gazier, La Pasionaria-, con su trazo a veces áspero, como si intentase reflejar la disonancia e inestabilidad presentes en la vida de Woolf, y los colores pastel, reflejo de su melancolía, son el complemento perfecto para los textos redactados en primera persona de una obra en apariencia sencilla, pero perfectamente construida.
Si la capacidad de los autores para sintetizar la vida y obra de Virginia Woolf han despertado vuestro interés por la autora, una vía de acceso pueden ser los ensayos breves Hawort, noviembre de 1904 -el primer texto que publicó en The Guardian (ver página 25 del cómic), donde se muestra ya como una aguda crítica literaria- y Horas en una biblioteca, publicado en 1916 en The Times Literary Supplement (ver página 27). También, por supuesto, el breve volumen Virginia Woolf, las olas, escrito por otro de los autores del mes...

Y es que hace pocas semanas tuvimos la suerte de dialogar con Jesús Marchamalo y Diego Martínez, guionista y editor de Cortázar, una obra que parece destinada a convertirse en referencia para el aficionado a la literatura que se acerca de manera ocasional al cómic -precisamente, ambos citaron Las meninas como influencia y referente a la hora de plantearse el relato-.
Mientras que su guionista utiliza las herramientas que le son habituales y por las que es reconocible -las pequeñas anécdotas como vehículo para desvelar al autor y comprender su obra; los libros como objetos físicos que reflejan la personalidad y los intereses de su dueño; la construcción de un relato no necesariamente cronológico ni planificado con antelación; el respeto por el biografiado-, la gran sorpresa de esta novela gráfica es Marc Torices, su dibujante.
A través de las páginas de Cortázar disfrutamos con la evolución del artista, la variedad de sus registros expresivos y recursos, su capacidad para ampliar -no solo reflejar, interpretar o complementar- los significados del texto original, su habilidad para introducir una reflexión metalingüística sobre el dibujo como acto físico y tangible -aquí se establece un paralelismo con el efecto que generan las fotografías de las obras originales y de la biblioteca de Julio Cortázar- y dotar de una nueva estructura al relato, que se convierte en circular y tiene como ejes narrativos visuales los trenes y el humo. Un maravilloso autor del que ojalá volvamos a saber pronto... Mientras tanto, no os perdáis esta entrevista ni su blog, donde se puede encontrar esta solución gráfica que finalmente no forma parte de la obra:
Como acercamiento a la figura de Cortázar, os recomendamos la entrevista realizada por Soler Serrano en 1977 en el programa A fondo de Televisión Española (parte I y parte II). Es, además, otro de los hilos conductores del cómic.


1 comentario:

  1. Muy interesante. La verdad es que el cómic sobre Virginia me ha incitado a leer Flush, muy entretenido y bonito, de los más fácil de Woolf

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