jueves, 17 de marzo de 2016

Canadienses irreverentes




Julie Doucet, Cómics 1986-1993
Julie Doucet, Diario de Nueva York (1993-2001)

Doucet y Brown nacieron con cinco años de diferencia en dos ciudades del área metropolitana de Montréal separadas por menos de cuarenta kilómetros y crecieron en un ambiente marcado por la religión. Ambos son referencias básicas de una forma particular de enfrentarse al género autobiográfico, que tan bien conoce Irene Costa, participante en la tertulia. 
Los dos se muestran a sí mismos sin adornos y abordan en las obras seleccionadas temas comunes: las relaciones de pareja, el sexo, el amor y las convenciones sociales, ante las que no muestran el "debido respeto". Son conscientes de que hay un lector frente a sus páginas, al que se dirigen directamente. Además, reflejan el mundo de la creación de los cómics menos comerciales y por sus páginas aparecen muchos de los personajes clave de ese entorno: Art Spiegelman, Charles Burns, Peter Bagge, Doug Allen, Seth, Joe Matt... ¡Incluso un Chester Brown con pelo coincide en 1991 con la joven Julie Doucet!
Sin embargo, nos encontramos con dos personalidades completamente diferentes, que dan pie a obras muy distintas en su lenguaje gráfico y en la forma de abordar los mismos asuntos.
Doucet emplea viñetas de límites trazados a pulso y abarrotadas de objetos en perspectivas imposibles para mostrar sus preocupaciones -expresadas en muchas ocasiones a través de sueños- o retratarse a sí misma con humor y sin idealización (Un día en la vida de Julie Doucet). Es capaz de realizar una inteligente y surrealista crítica de la desigualdad de género (Si yo fuera hombre, La muñeca del amor) mientras comprobamos cómo evoluciona a través de quince años de trabajo que culminan en el lúcido retrato de una relación de pareja tóxica y destructiva.
La autora canadiense representa la imaginación, el exceso, la espontaneidad, la flexibilidad y el humor enloquecido (Monkey y el muerto viviente). Chester Brown, por el contrario, construye su cómic sobre la racionalidad y un escrupuloso deseo de ceñirse a los hechos ("En este libro hago constar todas y cada una de las veces que pagué por sexo hasta finales de 2003 y todas y cada una de las prostitutas con las que practiqué sexo entonces") manteniendo una rígida estructura -todas las páginas son de 4 por 2 viñetas del mismo tamaño-.
En resumen, ella es capaz de reírse de sí misma, mientras que él hace un esfuerzo consciente por justificar su postura y no deja posibilidad para la risa, solo para la ironía.
Antes de la tertulia, os recomendamos un completo análisis de Pagando por ello -naturaleza de la obra, estética, relación con el underground y el "Trío de Toronto", ideología de referencia- que se publicó en The Comics Journal. Una entrevista y un artículo sobre  la autora de Dirty Plotte suponen un buen acercamiento al significado de su obra.