sábado, 16 de mayo de 2020

El Víbora

Varios autores, El Víbora para supervivientes (2020)
«(...) atenta contra el muermo y las pirañas, el apalanque de los supervivientes de esta aburrida, autoritaria y, lo que es peor, descangallada sociedad».
Editorial de El Víbora nº 1 (1979)
Nueva edición, alternativa y por videoconferencia, de la tertulia cómic. Esta vez aprovechamos la iniciativa El Víbora para supervivientes -Ediciones La Cúpula ha publicado durante el estado de alarma seis números en digital- para acercarnos a la primera etapa del boom del cómic para adultos.

Desde 1977 y durante la década de los 80 proliferaron en España las revistas de cómic, con una amplia diversidad de géneros -fantasía  y ciencia ficción, aventuras, humor, terror, policíaco, erótico, Oeste, costumbrismo...-, estilos -europeo, underground, línea clara / línea chunga- y procedencia -algunas replicaban publicaciones extranjeras-.
Amaníaco ediciones ha compartido recientemente en Twitter una lista de algunas de las principales, como Totem (1977-1986), Bésame mucho (1979-1982),  Cimoc (1979-1995), Comix Internacional (1980-1986), Cairo (1981-1991), Metal Hurlant (1981-1987), Sargento Kirk (1982-1983), Rambla (1982-1985), Makoki (1982-1993), Madriz (1984-1987), etc.

El Víbora, que apareció en 1979 y se publicó hasta 2005, fue sin duda la de más éxito y longevidad -con permiso del semanario El Jueves (1977- )-: en su mejor etapa, llegó a aumentar su tirada inicial de 24.000 ejemplares hasta los 80.000. Al final de su periplo, sin embargo, vendía solo 6.000 de los 20.000 impresos cada mes.
Para conocer qué significó en la cultura del momento, podéis ver el documental Solo para supervivientes (disponible en eFilm Navarra) y el dossier sobre la exposición El Víbora. Comix contracultural, organizada por el Museu Nacional d'Art de Catalunya en 2019.


Hemos elegido veinticinco historietas, la mayor parte de los autores y autoras que protagonizaron los primeros años de la revista (en el catálogo online de Tebeosfera podréis encontrar información sobre ellos). Únicamente incumplimos este criterio para recoger las aportaciones del navarro Carlos Gambarte, Max, Peter Bagge, Gilbert Shelton y Aroha Travé (galardonada hace poco con el II Premio de la Crítica ACDComic al mejor autor/a emergente). Quizá las principales ausencias de la antología promovida por Ediciones La Cúpula sean las de Nazario, uno de los pilares del movimiento underground que surgió en Barcelona, Montesol y Ceesepe.

Martí Riera (I, 4) Sospecha letal (1987)
Miguel Gallardo (I, 8) Perro Nick (1986)
Robert Crumb (I, 12) La crisis de la mediana edad... (1984)
Joost Swarte (I, 20) La segunda Babel (1984)
Carlos Gambarte (I, 28) El legendario (2020)
Isa Feu (I, 31) Corazón loco (1981)
Peter Bagge (I, 37) El enigma de George... (1994)
Antoni Calonge y Gallardo (II, 61) Tarde gloriosa (1981)
Mediavilla (II, 68) Querida abueli (1987)
Kim / Pons / Marta (II, 79) Morir en la noche (1985)
Muñoz y Sampayo (II, 96) Sudor sudaca (1985)
Max (II, 106) Salvajes (2016)
Daspastoras (II, 113) Ana (1985)
Miguel Gallardo (III, 123) The Invaders (1984)
Pons (III, 129) La hora de cenar (2000)
Laura Pérez Vernetti (III, 141) Los casos del Dr. Gregotti (1984)
Boada (III, 146) Pesadilla en Melilla (1985)
Diego y Onliyú (IV, 194) N (1986)
Peter Bagge (IV, 225) Apestoso conquista Gotham (1993)
Max (IV, 231) Sin título (2014)
Gilbert Shelton (IV, 233) La muerte de Fat Freddy (1978)
Mariscal (V, 262) Este verano te vas a enamorar (1981)
Sento y Onliyú (V, 278) Las ruinas del Tibidabo (1984)
Roger (V, 319) Vaselín y Loto (1984)
Aroha Travé (V, 324 y VI, 335) El único camino (2020)

Al leerlas, encontraréis relatos costumbristas, autoparodias, canallismo, transgresión, adaptaciones literarias, sexo, drogas, libertad, humor... ¿Os parece que son un reflejo fiel de la sociedad de la época? ¿Conectáis con los temas que tratan y su forma de narrar? ¿Veis puntos comunes? ¿Leíais El Víbora o sois seguidores de alguno de sus autores?

jueves, 23 de abril de 2020

Astiberri

Alfonso ZapicoLa balada del  norte 1 (2015)
David RubínEl héroe. Libro uno (2011)
Paco RocaMemorias de un hombre en pijama (2011)

El estado de alarma debido al COVID-19 nos ha obligado a modificar la programación de mayo. Más adelante podremos viajar con Sarah Glidden y Zerocalcare por Turquía, Siria e Irak -la propuesta inicial-.
Cuando celebramos en 2017 el décimo aniversario de la tertulia contamos con Fernando Tarancón, editor de Astiberri. A lo largo de los años hemos comentado muchas de sus publicaciones y, en esta ocasión, aprovechamos su oferta en cómic digital para revisar la obra de tres autores de éxito.

Con La balada del norte 1, Alfonso Zapico abrió su tetralogía (en principio iban a ser solo dos volúmenes) sobre el levantamiento minero de 1934 en Asturias. Aquí se presentan las semanas previas al estallido de la huelga general revolucionaria en España, que suele vincularse al posterior inicio de la Guerra Civil.
El tono y estructura del relato recupera, quizá voluntariamente, algunos aspectos del naturalismo literario de finales del siglo XIX y principios del XX: las relaciones entre personajes, con tramas que giran en torno al amor y los vínculos familiares, son el vehículo para mostrar la realidad social y política del momento.
Ese retrato de una época se apoya en una clara explicación del contexto histórico, la detallada descripción de los espacios, personajes definidos -el autor es capaz de darles matices a todos ellos- y la inclusión de episodios dramáticos muy efectivos, que se narran de forma breve, en apenas dos páginas, pero que permanecen en la conciencia del lector por su peso emocional.
No sé si Apolonio y Tristán representan a 'las dos Españas', porque aunque son muy arquetípicos de su clase, en el fondo son personajes muy complejos y contradictorios, están –y se sienten– fuera de lugar, a pesar de todo. Las dos, tres o cuatro Españas de hoy están condenadas a entenderse, si no quieren repetir el modelo fallido y brutal de los años 30.
A. Zapico (eldiario.es)
La Asturias de hace casi un siglo que nos presenta Zapico recuerda -aún reconociendo los claros avances que se han producido en este tiempo- algunos rasgos de nuestra actual situación: injustas desigualdades como fuente de sufrimiento y malestar social; el papel de los medios de comunicación en la confrontación política y la creación de estados de opinión afines a una u otra corriente; el peligroso rol de algunos partidos políticos que extreman su discurso con la única intención de acceder al poder...

David Rubín lo tiene claro. Necesitamos escuchar narraciones, da igual que sean más o menos reales o completamente ficticias, sobre las hazañas de los héroes. Y también sabe que no es necesario mantenerse fiel a un supuesto relato original e inmutable para generar las mismas emociones e ideas a lo largo de los siglos. Al contrario: situar en la trama espacios y elementos cercanos a la experiencia directa del lector facilita su identificación e inmersión en la historia.
Por eso, en El héroe relaciona las historias de Heracles y Euristeo (aquí con una relación muy cercana al arquetipo que representan Thor y Loki en la mitología nórdica), Diana y muchos otros personajes de la mitología griega con sus versiones actuales, las creaciones de Marvel y DC.
La misma productiva mezcla se da en los estilos: esta novela gráfica combina recursos del manga, el cartoon, los cómics de aventuras, autores estadounidenses como Jack Kirby o Frank Miller, la bd europea e incluso guiños a sus obras anteriores (La tetería del oso malayo) para dar fluidez al relato y transmitir con eficacia su mensaje.
Rubín reivindica el sentido de la aventura y la maravilla, al tiempo que nos presenta su propio proceso de maduración como autor a lo largo de los dos tomos de la obra -Heracles también cumple años y cambia- y abre una reflexión sobre la sociedad actual.
Para un análisis pormenorizado de la obra, os recomiendo la reseña publicada en Zona Negativa, donde se destaca el uso magistral de las composiciones de página y de las onomatopeyas al servicio del relato.
Para los más veteranos o quienes también la hayáis leído, ¿qué se mantiene y qué diferencia El héroe de Beowulf, la novela gráfica que ilustró tras finalizar la historia de Hércules, y que ya disfrutamos en la tertulia?

Algunos de los episodios autobiográficos que recoge Paco Roca en Memorias de un hombre en pijama parecen especialmente próximos a la experiencia de muchos durante el estado de alarma:
"Últimamente, al tender la ropa, me he dado cuenta de que toda mi ropa son pijamas. Esto se debe a que trabajo en casa y me paso el día vestido con esta cómoda prenda".
Esta recopilación de las páginas dominicales aparecidas en el diario valenciano Las Provincias en 2010 y 2011 muestra con humor cómo es su día a día trabajando en solitario desde casa. Tuvo su continuación en otros dos álbumes (Andanzas... y Confesiones...) que incluyen las colaboraciones en El País Semanal.
Seguro que quienes se han visto de repente obligados a teletrabajar se reconocerán en sus anécdotas y reflexiones sobre la rutina diaria, la convivencia en pareja y los roces que provocan los pequeños detalles (como la posición del papel higiénico o qué elegir para ver juntos en la tele), la organización del tiempo libre, los experimentos en la cocina, las compras por internet, los cambios que las redes sociales han provocado en nuestra forma de comunicarnos, las largas conversaciones por teléfono o el repentino interés por abordar a tareas del hogar retrasadas durante años y que solo es una excusa para no sentarse de nuevo a la mesa de trabajo... Sobre todo, nos podremos identificar con una de sus confesiones:
"Salir de casa para hacer la compra es lo más apasionante que hago últimamente".
Aunque también sirve para reflejar la vida diaria de un hombre que ya ha cumplido cuarenta años, soltero, urbano y con un trabajo autónomo y creativo. Sociología de lo cotidiano a través de un autor capaz de no tomarse demasiado en serio, lo cual es una admirable virtud.






¿Cómo ha sido vuestra experiencia al leer cómic digital? ¿Creéis que depende mucho de la calidad del soporte? Es decir, ¿es necesario tener una tablet de buen tamaño y definición o una pantalla grande de ordenador para disfrutar de los contenidos? ¿Hay otros obstáculos en el formato (por ejemplo, para reflejar dobles páginas) que impiden transmitir la intención original de los autores? ¿Debe priorizarse la publicación de obras creadas directamente u optimizadas para el entorno digital, como The Private Eye (Brian K. Vaughan) o la iniciativa Marvel Digital Originals?

jueves, 19 de marzo de 2020

Humor

Tom Gauld. Un policía en la luna (Mooncop, 2016)
Bill Watterson. El nuevo Calvin y Hobbes clásico (The Authoritative Calvin and Hobbes, 1990)
Humorismo. 1. Modo de presentar, enjuiciar o comentar la realidad, resaltando el lado cómico, risueño o rídiculo de las cosas. (DLE).
El fenómeno del humor es una realidad compleja, de múltiples dimensiones. Así lo demuestran una lista casi interminable de sinónimos (gracia, agudeza, ingenio, ocurrencia, comedia, chiste, alegría...) o el interés que ha despertado en la filosofía, la psicología o las ciencias sociales.
Hay humor que nace del absurdo, que sirve para denunciar o invita a la reflexión; lo hay también físico, irónico o sarcástico. A veces actúa como nexo de unión entre personas, pero otras puede ofenderlas. Incluso nos permite reírnos de nosotros mismos, quitar hierro a los problemas y aumentar nuestra sensación de bienestar.
Tom Gauld y Bill Watterson representan lo mejor del humor en el cómic. Ambos han publicado en prensa tiras de alta calidad técnica, huyen de lo prefabricado o buenista y, además de provocar la sonrisa, nos invitan a prestar más atención al mundo que nos rodea.

"Sin humor este cómic habría sido demasiado triste, se habría tomado demasiado en serio." (rtve.es)
Un policía en la luna tiene algo que me recuerda a Seth, Chris Ware y Jason. Más allá del trazo, de los planos de grandes espacios que parecen inhabitados, con edificios repartidos por un paisaje casi vacío, o del aparente hieratismo de sus personajes, creo que están unidos por la poesía y la significación de los diálogos.
Mezclando ironía y ternura, Gauld nos habla sobre un mundo ficticio que puede ser muy parecido a la vida cotidiana: ausencia de relaciones significativas (en pocos diálogos hay un verdadero componente emocional), renuncia dolorosa a los sueños, monotonía e insatisfacción en el trabajo (la trama avanza muy lentamente, reforzando esa sensación de estéril paso del tiempo), omnipresencia de una (i)lógica burocracia, la sombra de la depresión... Pero también, afortunadamente, el encuentro con otras personas. Con ironía y ternura, nos recuerda que es más fácil percibir la belleza cuando tenemos a alguien con quien compartirla.
A pesar de su claro mensaje, este cómic obliga a los lectores a completar la historia -a darle un final según su propia interpretación del mundo- y a implicarse emocionalmente en un relato solo en apariencia simple, tanto en el dibujo como en la narración. Ese es, seguramente, su principal valor.


Calvin y Hobbes, la tira cómica publicada entre 1985 y 1995, supuso un hito en la evolución del humor publicado en prensa, apareciendo en más de 2400 cabeceras. Bill Watterson peleó por superar la estructura habitual de las planchas dominicales con viñetas de formas variables o que contienen a otras, sentidos de lectura cambiantes y un tamaño mayor al estandarizado.
Acompañando a las innovaciones técnicas, el autor supo plantear, a partir de un universo limitado a representantes de la clase media más tradicional y a través de los ojos de un eterno niño de seis años, un retrato de la sociedad contemporánea que va más allá de la crítica directa. Como la naturaleza de Hobbes (¿peluche o animal?), para la que no hay una respuesta "verdadera", en las reflexiones volcadas en sus tiras aparece implícita una advertencia sobre la relatividad de la mirada y se huye de las certezas absolutas, como explican muy bien en Fabulantes.
Mucho se ha hablado de las referencias filosóficas y teológicas de la obra o de su constante juego con la intertextualidad. Aquí nos interesa destacar su manejo de todos los recursos del humor: el reírse de uno mismo, la apelación al absurdo, el contraste entre parejas de características tan distintas como complementarias, la parodia, la excentricidad, la caricatura, las muecas, el exceso en la expresión de los sentimientos, los juegos de palabras, el humor físico, las persecuciones, los gags recurrentes...
En definitiva, la combinación de un uso magistral de las técnicas de la comedia y la innovación formal al servicio de un mensaje inteligente convierten la lectura de las aventuras de Calvin en una experiencia tan gratificante como inolvidable. A ello contribuye también la añoranza del lector adulto al reconocer parte de lo que fue su niñez y, quizá, al descubrir experiencias que también le hubiese gustado vivir.
¿Cuál es vuestra tira favorita?


sábado, 8 de febrero de 2020

La vida cotidiana de las mujeres

Antonio Altarriba y Kim. El ala rota (2016)
Premio Zona Cómic (CEGAL) 2017
Premio al mejor guion Salón del cómic de Zaragoza 2017
Premio Splash 2017 a la mejor novela gráfica nacional
Mejor obra nacional y Mejor guionista nacional. Expocómic 2016

Ana Penyas. Estamos todas bien (2017)
Premio Internacional Fnac-Salamandra Graphic 2017
Autora revelación del Salón del Cómic de Barcelona 2018
Premio Nacional del Cómic 2018

A. Altarriba: "Porque mi madre, al igual que la mayor parte de las mujeres de su generación, no era muy dada a hablar de sí misma [...] Simplemente, estaba acostumbrada al anonimato."
A. Penyas: "Había un vacío sobre el relato de unas mujeres que en realidad nos son muy cercanas. [...] Las mujeres amas de casa que han cuidado de los demás son casi una generación entera." 
Petra, Maruja y Herminia representan la vida, casi siempre olvidada, de muchas mujeres españolas que recorrieron, invisibles fuera del ámbito doméstico, el siglo XX: la Guerra Civil, la dictadura franquista y una Transición con sombras del pasado.

Al centrar su mirada en realidades similares, es inevitable que ambas obras coincidan en muchos elementos. Entre los más interesantes, un entorno donde la pobreza está presente o es una amenaza constante, en el que las mujeres carecen de las oportunidades de desarrollo reservadas a los hombres y donde tampoco pueden elegir el lugar en que desean vivir.
A las protagonistas se les concede como único espacio el doméstico y como rol principal el cuidado de la familia; ahí están obligadas a dar pero sin recibir apenas nada, deben sacrificarse sin recompensa. La Iglesia actúa como sostén de esa resignación femenina y de determinada forma de vivir la sexualidad.
El aislamiento al que se ven empujadas es solo mitigado por la presencia de un mundo propio (la cocina, el lavadero, el patio interior, la plaza) compartido con la infancia y otras mujeres. No se trata de un entorno idílico: hay muestras de apoyo mutuo, comprensión y solidaridad, pero también rencores y e intereses ocultos.
Sin embargo, son mujeres que van enriqueciendo su visión del mundo y conquistan espacios de autonomía personal cuando encuentran la posibilidad de hacer algo más allá de lo doméstico y expresar, de esta forma, sus capacidades.

El  ala rota y Estamos todas bien son el producto de una misma necesidad sentida por sus autores: conocer y dar reconocimiento a la vida de mujeres cercanas, reflejando su intimidad. Pero también se percibe el esfuerzo por presentar la historia contemporánea como contexto que explica su situación.
Altarriba, que conoce bien esa época, se ve obligado a fabular gran parte de la vida de su madre, basándose en las condiciones generales del momento. Penyas contó con los testimonios directos de sus abuelas y los estructura como la narración que no pudieron darse a sí mismas.
Además, ambas obras reflexionan sobre las distintas formas que pueden tomar las relaciones maternofiliales y cómo cambian (o se mantienen) los papeles conforme pasan los años.

Por último, en el apartado gráfico las dos obras son muy diferentes. Kim se mueve en un estilo más clásico (como en "una película de los años 50", afirma), mientras que Ana Penyas utiliza lo que ella misma llama transferencia fotográfica y señala la influencia del expresionismo alemán.


sábado, 18 de enero de 2020

Superman

Jeph Loeb y Tim Sale. Superman: Las cuatro estaciones (Superman for All Seasons #1-4, 1998)
Mark Millar, Dave Johnson y Kilian Plunkett. Superman: Hijo Rojo (Superman Red Son #1-3, 2003)

Desde su primera aparición como personaje de cómic en 1938 (su origen es anterior), se han publicado ininterrumpidamente aventuras protagonizadas por Superman.
Más de ochenta años de éxito en la cultura popular conforman una tradición base que intenta sistematizar y dar coherencia al presente, pasado y futuro del héroe. La famosa continuidad se convierte así en la referencia a partir de la cual construir nuevos relatos.
Las cuatro estaciones e Hijo Rojo se acercan desde sentidos opuestos a esta orientación. La primera intenta recuperar el espíritu original del kriptoniano e idealiza una época luminosa y un entorno en el que las relaciones de proximidad, una vida consciente de los cambios en la naturaleza y el lento paso del tiempo permiten a las personas construir certezas y una identidad amable. La segunda, por el contrario, plantea una oscura ucronía de carácter político.
Sin embargo, ambas historias dependen de esa tradición consolidada, reinterpretando a los personajes desde puntos de vista diferentes (por ejemplo, Lana Lang o Pete Ross / Pyotr Iosif Roslov). En este sentido, si no se está familiarizado con el imaginario del kriptoniano, conviene acercarse en primer lugar a la obra escrita por Jeph Loeb, totalmente clásica en su concepción.

La distancia entre las dos novelas gráficas está en el tratamiento del propio Superman. Comparten, es cierto, las dudas sobre cómo y con qué fines deben utilizar sus capacidades (¿dónde se encuentran los límites de lo lícito para alguien casi todopoderoso?). Al mismo tiempo, también les preocupa no ser capaces de hacer lo suficiente o lo que necesita la humanidad; a ambas versiones les consume en algún momento la ansiedad culpable, una compulsión irracional que persigue lo imposible: "podría haber hecho más" "Y si encuentro el modo... no sé, de ayudar a cuanta gente sea posible".
Las diferencias comienzan a reflejarse en el talante con el que abordan las amenazas. Las dos historias recuperan el episodio clásico en el que Superman desvía un cohete, pero en Hijo Rojo muestra una arrogancia lejana a su carácter tradicional: "elegí la opción más emocionante. Entendedme. Entonces, los poderes aún eran nuevos para mí".
Y la principal divergencia está en la propia concepción de la naturaleza básica del héroe. El Superman clásico, como señala esta reseña, no ha venido a salvar o liderar, sino a inspirar y ayudar a encontrar un camino ético. El camarada Superman se aleja de esa premisa y acaba dando rienda suelta a su poder de intervención sobre el mundo.

En cuanto a lo formal, las dos son series limitadas que utilizan la figura del narrador protagonista y se articulan en capítulos diferenciados no solo por la trama, sino por el clima emocional y la curva de ascenso, caída y renacimiento.
Seguramente por su intención e influencias clásicas, Las cuatro estaciones es un relato más convincente y estable en el tono. En Hijo Rojo chirrían algunos elementos -un Luthor excesivo, la sombra de obras como Watchmen o El regreso del caballero oscuro, el retrato estereotipado del régimen soviético- pero gana interés cuando, en su parte final, abandona el juego de referencias con la iconografía superheroica y se lanza a relatar el enfrentamiento entre dos sistemas tan globales como imperfectos, ahondando en la distopía.

No solemos conceder espacio en la tertulia al cómic de superhéroes (la anterior ocasión fue en 2016, cuando tuvimos nuestro particular enfrentamiento entre los Batman y Superman de Grant Morrison).
Esta es una buena oportunidad para acercarse a obras que combinan el interés comercial con visiones complementarias sobre el icono heroico por excelencia a cargo de figuras del medio.
Loeb y Sale, protagonistas de los años 90, optan por acercarse desde la dimensión personal, mostrando una comunidad que acoge y protege. Millar, que marcó la evolución del medio en la primera década del siglo XX y el actual cine del género, se centra en lo político, con una sociedad en la que los individuos, a cambio de cierta seguridad material, deben plegarse a las decisiones del sistema.

domingo, 15 de diciembre de 2019

Cómic navarro

Belatz (Mikel Santos). El tesoro de Lucio - Gerezi Garaia (Txalaparta, 2018)
Agustín Ferrer Casas. Mies (Grafito Editorial, 2019)
Mejor obra nacional. Premios del Cómic Aragonés 2019.
Premio Fancueva a Mejor Tebeo Español 2019.

La tertulia con la que iniciamos el año va a ser muy especial. Contaremos con la presencia de Belatz y Agustín -viejo conocido del grupo-, dos de los autores incluidos en el listado de Ilustración y cómic navarro que podéis consultar en esta web.
Con ellos hablaremos sobre sus novelas gráficas más recientes, que han supuesto un éxito tanto comercial como crítico (seguro que también habrá tiempo para conocer más sobre los avatares del mercado editorial y la recepción de sus obras).
Ambas demuestran que nos podemos acercar a una visión reflexiva de la historia contemporánea a través de las biografías de sus protagonistas y de las decisiones que toman en un determinado contexto sociopolítico. Para hacerlo, eso sí, es imprescindible que las narraciones estén bien documentadas, como estos retratos de dos figuras del siglo XX tan distintas como el anarquista navarro Lucio Urtubia y el arquitecto alemán Mies van der Rohe.
Escucharemos cómo llegaron a sus manos, qué punto de vista decidieron adoptar, cuáles han sido sus fuentes de información, qué recursos encontraron para dar voz a los personajes, por qué eligieron determinada estructura temporal...
Aunque esta no es una reseña al uso y, por tanto, no vamos a analizar demasiado los cómics, sí señalaremos que en ellos hay tanto similitudes como diferencias. Por ejemplo, las dos obras están construidas a partir de analepsis y en ambas los protagonistas eligen callar algunos episodios. Veremos lo que Mies desea ocultar, consciente de que muchas de sus decisiones son moralmente discutibles; sin embargo Lucio, orgulloso de su trayectoria vital, en pocas ocasiones deja de compartir sus recuerdos con el lector, y solo cuando le embarga la tristeza.
También los autores se posicionan de forma distinta frente a sus protagonistas: en Belatz se nota una admiración plena y la identificación con sus ideales; Agustín se distancia más sin perder la emotividad, esforzándose por mostrar los claroscuros de un sujeto muy complejo.
Pero, sobre todo, lo importante es que tendréis la oportunidad de preguntar y compartir directamente vuestras impresiones con los dos creadores. ¡Os esperamos!

viernes, 8 de noviembre de 2019

Selección Oficial Angoulême

Gipi. La tierra de los hijos (La terra dei figli, 2016)
Sélection Officiel 45e Festival de la Bande Dessinée d'Angoulême (2018)
Grand Prix de la Critique de l'Association des journalistes et critiques de bande dessinée (ACBD) 2018
Nick Drnaso. Sabrina (Sabrina, 2018)
Sélection Officiel 46e Festival de la Bande Dessinée d'Angoulême (2019)
Nominación al mejor auto completo. Premios Eisner 2019
The 2018 Longlist. The Man Booker Prize

Antes de sus publicaciones más recientes, Gipi y Nick Drnaso habían sido protagonistas de ediciones previas del Festival International de la Bande Dessinée d'Angoulême. El autor italiano recibió el Premio al mejor álbum en 2006 por Apuntes para una historia de guerra, mientras que el estadounidense fue Premio revelación en 2018 con Beverly.

Además de su éxito, hay otros puntos en común entre las obras elegidas: los temas principales, la experiencia de lectura, el carácter de su narrativa y estilo gráfico e, incluso, la línea temporal: Sabrina se sitúa en el presente histórico y hace referencia a acontecimientos reales contemporáneos, mientras que La tierra de los hijos refleja un futuro posapocalíptico cercano. La primera puede parecer el preludio de la segunda: es fácil pensar que Drnaso está narrando parte de "las causas y los motivos que condujeron al fin".

Las dos analizan nuestras pautas de comunicación interpersonal y el tratamiento social de la información, convertida en entretenimiento de masas y objeto de consumo. En este sentido, las redes sociales son vistas como un síntoma de nuestra sociedad del espectáculo, y no como el origen. Tan estereotipada e inútil a la hora de establecer un vínculo con el otro es la jerga de la tribu del Dios Wapo como algunas de las conversaciones entre Calvin y sus compañeros.
Gipi: "Me parece que la comunicación contemporánea se basa en gran parte en una emotividad de fachada: no hay participación real en los eventos, pero sí reacciones emocionales exageradas. Nos indignamos por unos niños muertos que luego no dejan huellas en nuestras vidas; la gente ataca ferozmente al presunto autor de un crimen, durante dos horas. El sentimiento acaba por encima de la razón, es vomitivo". (¿Acaso no parece estar hablando de Sabrina?).
Nick Drnaso: "No me gusta la sociedad que estamos creando. Espero que en el futuro se advierta a los chavales en el colegio sobre los peligros de la exposición a las redes sociales, y a la información que circula por la Red en general" (aunque en declaraciones posteriores muestra puntos de vista contradictorios). 
Pero también hay esperanza en las historias que nos presentan. Los libros nos unen a otras personas y nos sanan: un diario permite a un hijo recibir la declaración de amor de su padre; un álbum ilustrado infantil se convierte en la primera alternativa al ruido de los conspiranoicos. Y el preocuparse por otros seres (la esclava, la Bruja, un gato, un amigo) es el detonante del cambio. Frente a los mensajes vacíos o alejados de la realidad, hay una reivindicación de los afectos.
Gipi: Quería cambiar muchas cosas con este álbum. Renuncié a los colores, a la voz en off, trabajé de una forma totalmente diferente porque estaba cansado de hablar de mí mismo, directa o indirectamente [...] Es mi obra favorita.
Como la historia tiene algo de primitivo, quería que la técnica utilizada fuese coherente con ello. ¿Cómo encontrarlo? Abandonando los artificios, volviendo a la línea, a la base de la ilustración... En cuanto a los colores, creo que el relato los sugiere. No eran necesarios.
Nick Drnaso: Intento basar las imágenes en lugares reales, aunque, por supuesto, hay claras influencias del mundo del cómic. Últimamente he estado tratando de trasladar sentimientos de ciertas cosas a otras que no tienen nada que ver [...] podría hojear el catálogo de unos viejos grandes almacenes y el esquema de colores de un vestido traerme a la mente una habitación, y un suceso en esa habitación.
Hago las composiciones sobre la marcha a medida que dibujo, dependiendo de lo que tenga sentido en una escena, dónde colocar a los personajes en una habitación, cómo se mueven por ella, cuándo acercarse a una cara. Representar internet era inevitable en esta historia, solo necesitaba averiguar como descomponer el texto y encajarlo en la cuadrícula del libro.
En cuanto al apartado gráfico, parece difícil encontrar dos estilos más opuestos. Sin embargo, ambos están al servicio del mismo objetivo, desnudando sin ambages realidades dolorosas. Las "reglas éticas" de Gipi, en esta ocasión especialmente rígidas, generan imágenes en blanco y negro de trazo sucio, con rostros muy expresivos. Contrastan con las líneas rectas, encuadres, colores pastel planos y falta de expresión emocional de Sabrina. Son dos caminos diferentes para mostrar la misma tensión, las mismas explosiones de violencia, las mismas personas desorientadas para las que los espacios abiertos y fríos son tan limitantes y amenazadores como los cerrados, donde el otro movido por la irracionalidad es demasiadas veces una amenaza.

Se trata, por tanto, de lecturas incómodas. Las historias que cuentan y el estilo elegido generan desasiego en el lector y, convenzan o no, quedan en la memoria. Quizá en parte por ello, la crítica cultural y otros artistas han elogiado de forma unánime ambos relatos y han destacado su similitud con otras obras o autores (La carretera de Cormac McCarthy; Chris Ware, Charles Burns).
Aunque aquí lo importante es qué os han parecido. Por ejemplo, ¿en qué medida su buena recepción se debe a la forma de abordar preocupaciones muy actuales (incomunicación, omnipresencia de las redes sociales, consumo irreflexivo, noticias falsas)?