jueves, 18 de enero de 2018

Revisar un clásico: Maus

Art Spiegelman, Maus: Relato de un superviviente (1973-1991)
Premios en el Festival de Angoulême (1988 y 1993), Eisner (1992), Harvey (1992) y Pulitzer (1992).
Art Spiegelman y Hillary Chute, MetaMaus (2011)
"Lo más interesante de los tebeos para mí tiene que ver con la abstracción y las estructuraciones que implica la página del cómic, el hecho de yuxtaponer momentos temporales. En una historia que trata de convertir en cronológico y coherente lo incomprensible, la yuxtaposición de pasado y presente insiste en que el pasado y el presente están siempre presentes: uno no desplaza al otro." (MetaMaus, p. 165)
En 1989, la inusual colaboración entre una editorial de cómics (Norma) y otra de literatura y ensayo (Muchnik) trajo a España la primera parte de Maus, finalizada solo tres años antes. Sin embargo, hubo que esperar bastante más para acceder a la obra completa: Planeta De-Agostini la publicó en 2001, cuando ya había pasado una década desde su edición original. Después, además de en múltiples reediciones en castellano, se ha podido leer en catalán y gallego.
A partir de ese momento Maus ha sido, para parte de los lectores de novela gráfica, uno de los paradigmas del cómic, la obra que ejemplifica y resume todas sus características y valor artístico. Quizá por ello se sigue acumulando bibliografía académica, desde distintas perspectivas, sobre ella.
Además, para muchas personas supuso, en los inicios del siglo XXI, su primera experiencia con el cómic adulto (Watchmen significó algo parecido a finales de los 80). ¿Se trató solo de una feliz causalidad, de la coincidencia con el inicio de la "normalización" de este arte en nuestro entorno, de la eficaz influencia legitimadora de una referencia comercial al Premio Pulitzer 1992? ¿O hay algo que convierte Maus en una de las mejores obras que ha producido el "noveno arte"? 
A veces, el esfuerzo inconsciente por estar subidos a la ola de una contemporaneidad entendida como inmediatez, novedad y rechazo a todo lo que parezca mainstream, provoca cierto escepticismo hacia este relato que vio sus primeras páginas -la historia Prisionero en el planeta infierno- hace ya cuarenta y cinco años. Con ojo de lector experto, hay quien parece insinuar que Maus está superado, que ya no puede decirnos nada interesante ni conmovernos, que no merece la pena volverlo a leer y que hastía hablar de nuevo sobre él.
"... me gusta comunicarme con claridad. Es un placer. Y en cuanto te interesas por la comunicación, enseguida desconfías de la Alta Cultura. Mucho de lo que ocurre en las enrarecidas estancias del arte es que la palabra comunión reemplaza a la palabra comunicación y participas en una especie de experiencia religiosa en la que el artista es el chamán. (...) Y siempre, sea virtud o defecto, he intentado contactar con los demás. Los cómics tienden a la comunicación directa y a la claridad. Su carácter expositivo se adecúa a la tarea porque invita a ambas partes del cerebro a lidiar con la información." (MetaMaus. pp. 171 y 174).
Hay algo innegablemente especial en este cómic, capaz de desbordar el espacio de una revista alternativa como RAW, recoger eficazmente las influencias de Crumb y Eisner y construir un relato con múltiples dimensiones: el genocidio, pero también (sobre todo) el retrato de relaciones paternofiliales y de pareja, del propio mundo de la creación artística y su influencia mutua con la vida cotidiana. Una narración que nos hace reflexionar sobre la necesidad de seguir luchando pese al innegable peso del azar en nuestras vidas.
"El tema de Maus es la recuperación de la memoria y, en última instancia, su creación. (...) Trata de un dibujante que intenta imaginar lo que vivió su padre. Trata de elegir, de descubrir qué puede contarse, qué puede revelarse y qué puede revelarse más allá de lo que uno sabe que está revelando. Esas son las cosas que hacen la obra resistente a las tensiones...  meter a los muertos en cuadraditos." (MetaMaus, p. 73)
Maus es más que uno de los principales hijos del underground de los 80, el relato autobiográfico que popularizó el género o un inteligente ejercicio técnico y metalingüístico: es una indiscutible obra maestra. Con casi ciento veinticinco años de historia  del cómic y en un contexto de cambio cultural y desarrollo acelerado, no es un disparate -al menos, no más que en otras artes- comenzar a hablar de clásicos y obras canónicas. Esta historia es, sin duda, una de ellas.
"Creo que los aspectos formales son los que hacen que el libro siga emocionando (...) Hice el libro para que durara, y fue su estructura tan compleja lo que aguantó la obra y a mí. (...) Tuve que poner mis intereses formales al servicio de la narración. Implicó pelearme con las limitaciones y las posibilidades del cómic para resolver cómo traducir la narración." (MetaMaus, p. 74)
Coincidiendo con la reciente visita de Spiegelman al Museo Reina Sofía, la tertulia de febrero será una oportunidad para comprobar cómo hemos cambiado desde nuestra primera lectura de Maus. Además de la propia obra, os esperamos con el caudal de información que contiene MetaMaus (cualquiera de las entrevistas a Spiegelman es interesante) y, sobre todo, una mirada fresca, como la que mostraba Rafael Marín en el mítico foro Cómic a Gritos en 2001:
"Es apasionante. La historia de Art y su padre es casi más interesante que la historia del padre como superviviente. El equilibrio es perfecto: hay risas y llanto, un retrato psicológico perfecto (el del padre) y la reconstrucción de dos épocas (los años cuarenta y ahora) de sombrero. (...) Cuando, después de leer las historias de las ratas judías y los gatos nazis Spiegelman, en la penúltima página, te muestra una foto real de su padre... joder, no es que se te salten las lágrimas, es que se te tambalea el tebeo y la percepción de la realidad. El virtuosismo narrativo de Spiegelman es total. Y la reconstrucción de la forma de hablar de su padre (que se perderá, me temo, en la traducción) es impresionante. Uno acaba admirando y odiando por igual al viejo, igual que él. Dadle una oportunidad. Ojalá hubiera muchos más cómics de este estilo: narrativa dibujada, novela dibujada, historia dibujada, biografía dibujada."

lunes, 18 de diciembre de 2017

Angoulême 2018

Dedicamos la tertulia de enero, mes en que se celebra el 45º Festival Internacional del Cómic de Angoulême, a comentar obras destacadas en ediciones anteriores (ya lo hicimos en 2016 y 2017).
Hemos elegido dos cómics que superan los límites de la autobiografía: a partir del relato de las vivencias personales, son capaces de mostrar realidades generales, conectar con nuestras propias experiencias e invitar a la reflexión.




Roz Chast, ¿Podemos hablar de algo más agradable? (2014)
Selección Oficial 2016
Premio Kirkus a la mejor obra de no ficción 2014
Finalista del National Book Award (no ficción) 2014

"Ilustradora de prensa y libros juveniles y autora de cómic, la neoyorquina Roz Chast relata los últimos años de sus padres con una ternura, humor y fidelidad a los hechos que harían palidecer de envidia a Woody Allen. Este testimonio íntimo, que tiende a lo universal, sobre las relaciones entre padres e hijos y las responsabilidades familiares, se enmarca en una narración y un dibujo alegres."
La web oficial de Angoulême describe así esta novela gráfica, diario de casi diez años en la vida de la autora, vinculada a The New Yorker desde 1978. Una obra que retrata la peculiar relación entre sus padres y su forma de afrontar las emociones -tan contradictorias como complejas son las dinámicas familiares- que le provoca el inevitable camino hacia la muerte de ambos.

 "Cualquier tipo de imagen que pudiera haber tenido de mí misma como una hija generosa, paciente, dulce y cariñosa que cuidaba felizmente a sus padres en su vejez tardó más o menos una hora en venirse abajo."
Roz Chat utiliza el humor como ayuda para reflejar con sinceridad el dolor y el miedo, mientras que la ironía y la caricatura le permiten alejarse del dramatismo inncesario o la autocomplacencia. Hace explícita, además, una realidad que socialmente tendemos a ocultar, como el viejo matrimonio protagonista. Y descubrimos que no hay soluciones fáciles ni perfectas, pero que un buen sistema público de apoyo a las personas que ya nos son autónomas es más necesario cada día.


Brigitte Findakly y Lewis Trondheim, Las amapolas de Irak (2016)
Selección Oficial 2017

- Yo también soy árabe.
- ¿Ah, sí? ¿De dónde vienes?
- De Irak.
- Ah... Entonces eres musulmana.
- No, soy árabe pero cristiana.
- Si eres cristiana, no eres árabe.
- ¡Claro que sí! Árabe es solo por la zona geográfica.
- No, no. Todos los árabes son musulmanes.
-¡Bobadas!
- ¡PFFF!

Publicado por entregas en La Matinale du Monde (una aplicación móvil de Le Monde) entre 2015 y 2016, Las amapolas de Irak muestra cómo las similitudes y diferencias entre confesiones religiosas se basan más en las tradiciones que en la fe, analiza la dinámica social del país -lo que ha cambiado y lo que aún continúa- y sirve como crónica de una compleja situación política donde la sinrazón de la violencia, representada por militares que corren de un lado para otro, siempre convierte en víctimas a las clases populares.
Al mismo tiempo, ejemplifica los obstáculos que los mecanismos administrativos generan a las personas migrantes y cuáles son sus dificultades en la sociedad de acogida: burocracia, sistema educativo, pervivencia de estereotipos, sentimiento de desarraigo.
 L'Association reseñó con acierto esta obra de dos de sus autores:
"Nacida en Irak a principios de la década de 1960, de padre iraquí y madre francesa, el libro describe su infancia en Mosul, una ciudad del norte de Irak, en una época en la que se sucedían los golpes de estado y las dictaduras militares, mucho antes de la llegada al poder de Saddam Hussein. Siguiendo el hilo de sus recuerdos, descubrimos una vida familiar afectada por las aberraciones de la dictadura y sus repercusiones en la vida cotidiana, hasta el inevitable exilio en Francia a comienzos de los años 70. Una llegada a Francia que también fue difícil, una experiencia migratoria hecha de dificultades administrativas, sociales y culturales.
En este contexto de tristes noticias, Lewis Trondheim y Brigitte Findakly retratan, a través de piezas de carácter costumbrista tan directas como delicadas, la singular trayectoria de la colorista que, por primera vez, protagoniza una obra. Enmarcada con fotos y paréntesis informativos sobre las costumbres, la cultura iraquí y sus recuerdos, compartimos con ella la nostalgia de quienes han dejado atrás su país de origen, así como los vínculos fugaces que perduran. Como las amapolas que se marchitan rápidamente."

sábado, 11 de noviembre de 2017

Cómic erótico

Sybilline et al. Primeras veces (2008)
Milo Manara, El Clic (1982-2001)
Guido Crepax, Valentina (1965-1995)

Pocas veces hemos comentando en esta tertulia cómics que incluyeran como un elemento central de su trama el sexo explícito. Las muestras más claras han sido el relato autobiográfico Fresa y chocolate (Aurelia Aurita), la fantasía con personajes clásicos de la literatura popular del siglo XIX Lost Girls (Alan Moore y Melinda Gebbie) y el cómic independiente Omaha (Reed Waller y Kate Morley).
Aprovechamos este mes para contraponer narrativas muy diferentes. Por un lado, la de dos artistas italianos que marcaron la historieta europea de la segunda mitad del siglo XX, pero que en el momento actual parecen muy desfasados, ya que se limitan a repetir modelos de historia y personajes sin apenas variaciones. Por otro, la de autores y autoras del cómic contemporáneo, que multiplican los puntos de vista, los temas que tratan y las formas de presentarnos sus propuestas.

"Queríamos mostrar, pero también contar. 
El sexo es ante todo un intercambio (...) Follamos porque nos gusta, porque nos descubrimos, porque aprendemos.
Me apetecía contar historias que recordasen que el sexo es hermoso y que dijeran que lo que para unos es un exceso, para otros es tierna normalidad."
Primeras veces incluye diez historias escritas por Sybilline y dibujadas por diez autores y autoras franceses, salvo Dave McKean -a él, Alfred y Cyril Pedrosa ya los conocíamos-.
Como perfecto contrapunto de El Clic y Valentina, presenta historias narradas en primera persona por las mujeres que las protagonizan. Cada una de ellas es un personaje diferente, no hay moldes que se repitan una y otra vez según las fantasías y preferencias del autor. Lo que se cuenta es mucho más que una excusa para mostrar escenas de sexo: se habla de quiénes somos, qué anhelamos, cómo nos relacionamos... Y en todo ello, como en nuestras vidas, el sexo ocupa un lugar importante.
Estos relatos breves incluyen ternura, decepción, complicidad, egoísmo, humor, fantasía, soledad, placer, dolor, vergüenza, libertad, reencuentro y, por supuesto, mucho deseo. ¿Cuál es vuestro favorito?
Traducimos aquí parte de una interesante entrevista a la responsable de los guiones de Primeras veces:
- ¿Por qué elegiste estas diez primeras veces y no otras?
- Diez ya eran muchas, me preocupaba que no funcionasen. No quería añadir una o dos historias más. Creo que elegí temas fáciles y fundamentales. Las primeras veces demasiado alejadas de lo habitual no hubiesen funcionado. Y, sobre todo, quería que se hiciesen eco de algo vivido o posible.
- Mientras escribías estas historias, confesaste que te habían molestado algunas prácticas sexuales. ¿Quieres hablar de eso?
- Vi películas X mientras escribía Primeras veces, quería ver cómo era la pornografía actual. Hay una verdadera guerra de ofertas en el porno, una escalada a veces violenta. Las películas se copian entre sí, encuentras los mismos tortazos, las mismas posiciones improbables, dobles penetraciones. A fuerza de ver esas imágenes, todo se vuelve obvio y accesible. Eh, atención, no lo critico, solo estoy un poco preocupada por quienes aprender a tocarse con el cine porno como única referencia. Escribí Negado para hablar de eso.
- Cuentas estas primeras veces con una sencillez sorprendente, con sinceridad. Para lograrlo, ¿tuviste que hacer un trabajo personal previo para gestionar tu propio pudor?
- ¡Gracias! La vergüenza es, a menudo, una muestra de inquietud en la relación con otras personas. Al principio, me dije que hacer un libro como este era tan fácil como correr desnuda bajo la Torre Eiffel. Y bueno, si lo piensas un poco, ¿por qué no? Sobre todo, me daba miedo no estar a la altura; abordar un "género" es aterrador. En cualquier caso, es más fácil poner por escrito lo que a veces no somos capaces de decir en voz alta.
- Cuando se escribe un cómic transgresor, el autor se expone mucho, ¿verdad? ¿Te preocupa la mirada de los demás?
- Aunque este libro no habla solo de mi experiencia, creo que se parece a mí. Es una obra íntima, donde cada autor ha puesto mucho de sí mismo. Donde podría pensar que iba a estar muy expuesta, al final estuve muy protegida. Por supuesto, me hice preguntas. ¿Qué van a decir, qué van a imaginar sobre mí, sobre lo que soy? Me da igual, no me importa. Aunque ese era el riesgo de aceptar este proyecto. El sexo es cada vez más accesible, pero continúa sonrojándonos y hace que nos riamos tontamente. Es un tema importante, pero delicado. Lo que saqué en claro de mis titubeos es que hacer un libro así sin asumir eso hubiera sido absurdo.
Las obras de Milo Manara y Guido Crepax, pese a inscribirse dentro del género erótico, tienen poco en común con los relatos de Sybilline. Quizá una de sus primeras veces, Negado (el sexto relato), refleja cierta actitud hacia las mujeres que está presente en los dos autores italianos:
"De hecho, todo lo hace de forma automática (...) Si pudiera, le diría hasta qué punto está al margen. Hasta qué punto es falso su imaginario sexual."

Los años 80 y 90 contemplaron el éxito del cómic erótico. Las revistas dedicadas a este género protagonizaban gran parte del crecimiento del mercado; por ejemplo, Kiss Cómix llegó a vender en España entre 20.000 y 30.000 ejemplares al mes y conoció ediciones internacionales. Según comentan quienes vivieron ese boom, el descenso drástico de ventas coincidió con el acceso masivo a internet.

 “Le propongo el mejor trato de su vida, caballero (…) Un mando a distancia para desencadenar en esa hermosa dama el furor erótico más devastador que haya experimentado en su vida.”
En ese contexto, la primera parte de El Clic (1982) mantuvo una demanda constante en librerías durante mucho tiempo. Gracias a esta breve historia, Milo Manara saltó a la fama, llegando a trabajar con Hugo Pratt (Verano indio, El Gaucho) y para Marvel -con cierta polémica- o DC Comics -donde tampoco se ha librado de conflictos-.
El relato original acumula escenas cómicas (la actitud del marido en el cine, la persecución en el hotel) que permiten enlazar los episodios sexuales. Las contradicciones narrativas se acentúan en las secuelas, con inconsistencias y cambios no explicados en la situación y actitud de varios personajes.
El interés del lector no se centra, por tanto, en el argumento, en el retrato de la corrupción e hipocresía de las clases altas o en su leve denuncia medioambiental, sino en la repetición de un modelo físico de mujer que, desde entonces, será una constante en la obra de Manara. Claudia Christiani es igual al resto de jóvenes que dibujará -de forma magistral- a lo largo de su carrera; los hombres también son personajes estereotipados -el marido viejo y engañado, el feo que desea a la joven hermosa, el excéntrico doctor extranjero, los jóvenes atractivos, etc.-, pero se diferencian entre sí por algo más que su peinado. Sin embargo, algunas explicaciones, que os recomendamos leer, convierten este hecho en un punto fuerte de su producción.
En cualquier caso, las opiniones encontradas sobre esta obra, más que en el contenido erótico -aunque el autor autocensuró una escena por temor a la posible reacción-, seguramente se centran en el rol que otorga a hombres y mujeres. El Clic muestra, a través de la exageración, una desigual relación entre géneros, pero sin aparente intención crítica: los varones insultan y pegan a la protagonista por expresar sus deseos, que ellos comparten; al mismo tiempo, se aprovechan de su conducta o la manejan como una marioneta sin voluntad propia.
En las obras de, por ejemplo, Julie Doucet también hay sexo explícito, pero presentado a través de códigos propios y una perspectiva que supera la visión androcéntrica. O -volviendo a la polémica de Manara con Marvel- es posible presentar a los personajes de una forma que les otorgue mayor significación.

“¡Diseñaré a una mujer diferente!… Nada de Dale Arden… O tipo el pelo largo y rubio… Una como Louise Brooks (…) Una con los ojos tristes.”
Valentina es un fumetto producto de la burguesía italiana de mitad del siglo XX, a la que pertenecía su autor, Guido Crepax. Las aventuras que protagoniza están llenas de elementos que forman parte del habitus de ese grupo (lo que P. Bourdieu definía como los esquemas de percepción, valoración, pensamiento y acción de una determinada posición social): referencias constantes a la mitología clásica, las grandes figuras de la alta cultura moderna y contemporánea, el surrealismo y el pop art. Particularmente interesante para la tertulia es la reivindicación del cómic de aventuras nacido en la década de los años 30: aparecen directamente Flash Gordon, Mandrake the Magician y The Phantom, mientras que las historias iniciales recuerdan a series como Secret Agent X-9 o John Carter.
La importancia de las ensoñaciones y la fantasía onírica, que tanto destaca Román Gubern en la introducción al tomo editado por Lumen (la editorial que trasladó por primera vez Valentina al castellano), conecta con el gusto de la época por el psicoanálisis; también está muy presente cierta interpretación de la teoría marxista. Como señala la historiadora del arte Francesca Lladó, su discurso da protagonismo a las “áreas del subconsciente y de la opresión sociológica.”
La evolución de las historias incrementa el protagonismo del personaje femenino y la carga erótica de las viñetas. Entre las que podéis leer en los ejemplares disponibles en la biblioteca, las más representativas son Valentina perdida en el país de los Soviets (1967), Los húsares de la muerte (1968, añadida en la reedición de Los subterráneos) y El doble delito de la calle Morgue (1976).

(Philip Rembrandt)- ¡Me parece demasiado sencillo, no puede ser así! ¡Necesitamos ir a Praga, a Vía Graficka, para pillar a los asesinos! Pero podría ser peligroso para ti.
(Valentina)- ¡Un momento! ¡Esta vez yo soy la protagonista de la historia… No puedes dejarme en casa!”
¿Es Valentina Roselli un personaje opuesto a Claudia Christiani? ¿Representa a una mujer que toma decisiones libremente, frente a quien es controlada por los hombres que la rodean? Lo comentaremos en la tertulia de diciembre 😊

Por último, gracias a Joste y Marijo por proponer el tema, a Mariví por sugerir que añadiésemos una autora y evitar así que presentásemos cómic erótico producido desde un punto de vista exclusivamente masculino, a Iosu por recomendar Primeras veces y a Nacho por su disponibilidad y esfuerzo.

sábado, 7 de octubre de 2017

Zeina Abirached

Zeina Abirached, El juego de las golondrinas (2007)
Selección Oficial Festival de Angoulême 2008
Zeina Abirached, El piano oriental (2015)
Selección Oficial Festival de Angoulême 2016
"El dibujo es una forma de capturar lo que desaparece. (...) Debe contar una historia y recuperar imágenes antes de que se pierdan."
"Estudié publicidad cinco años. Encontré rápidamente  imágenes eficaces a nivel narrativo, que funcionaban con un mínimo de artificios gráficos."
"Lo fascinante de trabajar solo con blanco y negro es que, como únicamente hay dos colores para expresar una idea, hay que prestar especial atención a la composición de cada viñeta y al equilibrio de las viñetas en la página. Hasta el cambio más pequeño es importante. A menudo hago varias pruebas y a veces, cuando he terminado la página, siento la necesidad de dar la vuelta a los colores de algunas viñetas."
Álvaro Pons señalaba hace años que es un error considerar a Zeina Abirached una nueva Marjane Satrapi, pese a las (solo) aparentes similitudes en estilo y las coincidencias biográficas -proceden de familias de nivel sociocultural elevado y se formaron parcialmente en escuelas de arte francesas- o temáticas: ambas han elaborado narraciones autobiográficas que muestran los efectos sociales negativos de dos conflictos políticos y religiosos (Irán y Líbano), e incluso reconstruyen -de forma más o menos ficticia- la vida de un pariente relacionado con la música (Pollo con ciruelas).
La propia autora afirma:  "Llegué a París en 2005 y pasé un año en la [Escuela de] Artes Decorativas... En esa época, todo el mundo me decía que mis dibujos se parecían a los de Satrapi... ¡y yo no la conocía! Un día, cuando ya estaba harta, compré Persépolis para saber a qué se referían. Mi principal influencia es David B., que parece haber influido a la propia Satrapi."

"(...) hubo un tiempo en que una línea de tren cruzaba el Líbano (y, algo totalmente inconcebible a día de hoy, unía, pasando por Beirut, Damasco, Alepo y Jerusalén)."
Abirached nos transporta a Beirut en dos momentos muy diferentes: quince años antes de la guerra civil libanesa y en mitad del conflicto. Muestra cómo la violencia transforma la ciudad -las barricadas y los edificios en ruinas de las páginas iniciales de El juego...- y limita las posibilidades de moverse libremente -qué distintos los paseos de Abdalah Kamaja del macabro baile que deben ejecutar los padres de la autora-.
Los efectos negativos de la guerra son también muy claro cuando se comparan personajes y objetos repetidos en ambos cómics: el humor que destila la relación preguerra entre los gemelos Vincent y Ernest se transforma en melancolía; hay una caja de zapatos en cada obra, pero también significan cosas diferentes.
Al mismo tiempo, vemos el proceso de construcción de una identidad personal flexible, que retoma elementos del pasado familiar, de las lenguas que habla y de las propias experiencias vitales.
"Cuando comencé a escribir El juego de las golondrinas organicé con bastante facilidad el espacio de la habitación, que funciona como el escenario de una obra de teatro, en el que los personajes entran por uno u otro lado."

La imaginaria línea verde que dividía Beirut de norte a sur es un buen ejemplo del absurdo de la guerra. Personas de distinto origen socioeconómico y edad terminan unidas, sin importar sus creencias religiosas o si se encontraban antes en el lado este u oeste de la ciudad. Han experimentado la pérdida y comparten la necesidad de huir, como recuerda permamentemente el tapiz que sirve de decorado. En cuanto al estilo, el lento paso del tiempo se refleja en los pequeños cambios de las miradas y los gestos.

"Siempre me ha gustado trabajar sobre un motivo central, sobre las cosas que se repiten, sintetizar las formas. En El piano oriental, quería dibujar la música. Reflejar los sonidos a través del dibujo. Quería que el lector tuviese la impresión de estar delante de una partitura. Gracias al blanco y negro, también trabajé sobre el ritmo."
La historia de su bisabuelo permite a Abirached dotar de significado a sus propias vivencias- educación, viajes, búsqueda de la identidad-. Publicada ocho años después de su primera novela gráfica, en El piano oriental los recursos estilísticos son aún más importantes: la perspectiva cenital aclara la dinámica de la relación entre el matrimonio, los bocadillos de texto protagonizan varias escenas, aprovecha de múltiples formas las posiblidades de organización del espacio en la hoja, etc.
Una curiosidad: mientras que Abdalah Chahine tenía como objetivo construir un piano microtonal que no se diferenciase externamente de uno tradicional, ha habido otros ejemplos en el último siglo.


Para ver y leer después...
  • Zeina Abirached realizó el cortometraje Mouton en 2006.


  • Me acuerdo: Beirut (2008) está en las bibliotecas de Yamaguchi (en francés), Noáin y Navarra (en castellano).
  • El día que Nina Simone dejó de cantar (2008) está basado en un monólogo teatral de Darina Al-Joundi y Mohamed Kacimi. Narra la infancia y juventud de la primera en Beirut entre los años 70 -con diecisiete grupos religiosos en conflicto- y la primera década del siglo XXI.

lunes, 7 de agosto de 2017

Arte y ficción

Jason, No me dejes nunca (2006)
Premio Eisner 2007 a la mejor edición de material internacional
Scott McCloud, El escultor (2015)

En la primera parte de No me dejes nunca, Jason refleja algunos de los episodios autobiográficos que Ernest Hemingway relató en París era una fiesta (A Moveable Feast, 1964).
Con su habitual concisión, el noruego es capaz de transmitir fielmente la actitud del premio nobel ante personajes históricos como Hadley Richardson- su primera esposa- F. Scott y Zelda Fitzgerald, Ezra Pound, James Joyce o Gertrude Stein. Siguiendo los textos de Hemingway retrata, con sus habituales personajes antropomórficos, a los más conocidos representantes de la "generación perdida", esa comunidad de artistas anglosajones expatriados temporalmente en el París de los años 20.
Así puede plantear una reflexión sobre las actitudes de estos peculiares personajes, que optaron en muchos casos por mostrarse orgullosos de sus dificultades económicas, al tiempo que se sentían miembros de una elite destinada a generar una nueva estética y ética.
En la segunda mitad del cómic, sin embargo, las influencias son muy distintas. Manteniendo ese tono de sutil humor e irrealidad que impregna toda su obra, Jason toma prestado (y exagera) el ritmo y argumento de películas clásicas como La jungla de asfalto o Atraco perfecto. Zelda se convierte en el paradigma de la femme fatale -Hemingway así la consideraba, al menos en cuanto a la influencia que tenía sobre Fitzgerald- y el resto de personajes en... bueno, ¡para saberlo tendréis que leer la obra!
Un detalle curioso: el título original (The Left Bank Gang) hace referencia a la margen izquierda del Sena, donde se situaban los barrios bohemios de la capital francesa, la zona preferida por Hemingway y su círculo. La editorial Astiberri optó por un título que centra la mirada en la relación entre Ernest y Hadley. Quizá de forma involuntaria, aumenta el tono melancólico de la historia: en 1926, tras cinco años de estancias intermitentes en París, se divorciaron.
«Un millón de personas, y todas compartimos el mismo sueño. Crear, conectar, ser recordados.»
Esa misma tristeza impregna El escultor, la obra más reciente de Scott McCloud. Quizá por tener demasiado presente que se trata del autor de Entender el cómic y Hacer cómics, es sencillo identificar cierta intención didáctica e insistencia en los temas que le interesan. Además, contemplamos cómo aplica en el cómic su clasificación de las transiciones y sus ideas sobre la función expresiva de los distintos tipos de planos, separaciones entre viñetas y posiciones en el continuo abstracción-realismo.
En todo caso, se trata de una novela gráfica que plantea preguntas importantes sobre el arte: la posibilidad de un criterio absoluto, la necesidad o no de un espectador para dar sentido a la obra, el peligro de caer en la dictadura del mercado, los distintos significados que la expresión artística tiene para los creadores (elaborar un relato sobre el propio pasado y construir una identidad, obtener reconocimiento, lograr poder ecónómico o un estatus elevado, ayudar a otras personas, perdurar, tener un trabajo remunerado...). Son temas que ya tocaban El arte: conversaciones imaginarias con mi madre y Las Meninas, que leímos el año pasado en la tertulia.
Sin embargo, creo que el mayor valor de esta obra se encuentra en las reflexiones sobre el valor de la vida, su ineludible carácter efímero y el descubrimiento de que su sentido pasa por el encuentro sincero con otras personas.
El autor logra generar emoción en el lector apoyándose en dos personajes muy bien construidos a partir de sus contradicciones: David y Harry.
Para terminar, otra curiosidad: visitad la web de David Smith, el escultor con el que confunden al protagonista y que fue el principal exponente del expresionismo abstracto norteamericano.

sábado, 1 de julio de 2017

Programación 2017-2018

La variedad está asegurada en los cómics del curso 2017-2018, que se han seleccionado a partir de las propuestas y/o votaciones de los miembros de la tertulia.
Recuperamos autores (Jason, Tamaki) y personajes (Corto Maltés) ya leídos, añadimos clásicos que estaban pendientes (McCloud, Manara), seguimos reflexionando sobre el arte y la literatura (octubre y abril),  no olvidamos que en enero se celebra el Festival de Angoulême, "estudiamos" en profundidad una obra fundamental (Maus) y nos acercamos a la realidad con meses dedicados al Líbano y las adopciones.

4 de octubre 2017: Arte y ficción
- Jason. No me dejes nunca
- Scott McCloud. El escultor

8 de noviembre: Zeina Abirached
- Z. Abirached. El juego de las golondrinas
- Z. Abirached. El piano oriental

13 de diciembre: Cómic erótico
- Guido Crepax. Valentina
- Milo Manara. El clic
- Sybilline et al. Primeras veces

10 de enero de 2018: Angoulême
- Roz Chast. ¿Podemos hablar de algo más agradable?
- Brigitte Findakly y Lewis Trondheim. Las amapolas de Irak

7 de febrero: Revisar un clásico
- Art Spiegelman. Maus
- Art Spiegelman. Metamaus

7 de marzo: Autoras
- Jillian y Mariko Tamaki. Skim
- Kelly Sue DeConnick y Emma Ríos. Bella Muerte 1

11 de abril: Novelistas
- Michèle Gazier y Bernard Ciccolini. Virginia Wolf
- Jesús Marchamalo y Marc Torices. Cortázar



9 de mayo: Adopción
- Jung. Piel color miel
- Cristina Durán y Miguel Ángel Giner. La máquina de Efrén
- Mamoru Hosoda. El niño y la bestia



6 de junio: Corto Maltés
- Hugo Pratt. Corto Maltés en Siberia
- Juan Díaz Canales y Rubén Pellejero. Corto Maltés. Bajo el sol de medianoche
- Pascal Morelli. Corto Maltés en Siberia


jueves, 8 de junio de 2017

La tertulia cumple diez años...

... y lo celebraremos hablando con Fernando Tarancón, librero y editor. Gracias a su trabajo en Astiberri hemos podido acceder a muchos de los cómics (¡alrededor de 50, si no nos fallan los cálculos!) leídos durante esta década.
Será un encuentro abierto a todas las personas que han participado en la tertulia. Seguro que en el diálogo encontramos un montón de buenas ideas. ¡Nos vemos!