sábado, 21 de abril de 2018

Adopción

Jung, Piel color miel (2007-2008)
Cristina Durán y Miguel Á. Giner, La máquina de Efrén (2012)
Premio Turia 2012 a la Mejor Contribución Cultura del Cómic
Mamoru Hosoda, El niño y la bestia (2015)
Premio de la Academia Japonesa a la mejor película de animación 2015

Marijo y Joste, dos veteranos participantes en la tertulia y padres de Yuè, propusieron incluir en la programación 2017-18 un mes dedicado a las adopciones.
Gracias a su iniciativa, hemos leído dos cómics que, pese a inscribirse dentro del género autobiográfico, trascienden las experiencias particulares y nos acercan a las múltiples dimensiones de la adopción a través de los relatos complementarios de padres e hijos. También nos sugirieron un anime que aborda esta realidad añadiendo toques fantásticos.
Las tres obras coinciden en mostrar, como destaca Angélica, otra miembro de la tertulia, "la construcción de la identidad como adoptados, la búsqueda de orígenes y la elaboración del duelo sobre el abandono, temas que, desde el prisma romántico en el que se suele contemplar la adopción por la sociedad en general, tienden a ser obviados." En ese sentido, sugiere visitar la web La voz de los adoptados y escuchar esta entrevista.
Además, contaremos con la presencia de otras familias vinculadas a la Asociación de Familias Adoptivas de Navarra (AFADENA) y de Isabel Azcona, orientadora y especialista en acogimiento familiar y adopción.

Piel color miel propone una reflexión sobre la búsqueda de referencias con las que construir una identidad propia -un impulso básico en las transiciones entre la infancia, la adolescencia y el inicio de la edad adulta- y el papel de la familia para los menores -qué necesidades debe cubrir, cómo influye el estilo educativo en los niños-. También facilita información sobre el marco sociopolítico que condiciona las adopciones procedentes de Corea del Sur, país de origen del autor.
Superados ya los cuarenta años, Jung mira sus primeras décadas de vida con humor, autoconciencia y capacidad para eludir la autocompasión. Nos ofrece un análisis lúcido y sincero, en el que elige desdramatizar algunas situaciones para transmitir su decisión de mirar hacia delante.
En el aspecto técnico, destaca la capacidad de sus lápices para crear personajes muy expresivos y el simbolismo de algunas imágenes. En una entrevista aparecida tras la publicación en Bélgica de la primera parte de Piel color miel, el autor afirmaba:
"Quería que este niño fuera entrañable, que el lector quisiera pasar tiempo con él. Resulta antipático, burlón, tierno, a veces está triste, pero es extremadamente humano. El estilo es más redondeado y accesible [que en cómics anteriores] (...), dibujé sin restricciones, espontáneamente."
"Es una historia autobiográfica, así que no tuve que escarbar mucho para encontrarla. Creo que la originalidad de este cómic está en su tratamiento (...) Conté mi historia imaginando que era la de otra persona, lo que me permitió dar un paso atrás y hacerlo con cierto desapego. De ahí el uso del humor y la burla."
"Lo difícil fue eludir la trampa de la autobiografía que se mira al ombligo mientras se lamenta con afectación. ¡No quería eso! Mi única restricción era: no miserias. (...) ¡No confundas la miseria con la emoción! Me gustaría que los lectores se sintieran conmovidos por este niño de cinco años, que los desafiara, que los divirtiera y los hiciese reir, que los llevara a pensar."
"Todos los recuerdos [que aparecen en la obra] estaban muy arraigados; por supuesto, algunos eran más confusos y he tenido que adornarlos y novelarlos, pero muy poco."
La máquina de Efrén es la continuación de Una posibilidad entre mil, novela gráfica en que la pareja de autores relataba el nacimiento e infancia de su primera hija, Laia. Astiberri ha recopilado ambos obras en Una posibilidad. Edición integral.
Asistir al proceso de adopción de Selam, su segunda hija, nos permite conocer los trámites que intentan asegurar un futuro adecuado para los menores y el papel de sensibilización, apoyo y orientación que cumplen los profesionales implicados.
Es remarcable la suavidad en las transiciones entre las voces narrativas, la nitidez con que exponen las emociones que se van generando durante ese tiempo y cómo afrontan los primeros meses de la nueva vida compartida con la misma actitud constructiva que muestran en todo el relato. Un mensaje que nos llega con más efectividad aún gracias al diseño gráfico, sin efectismos pero lleno de sabiduría en la composición, con una paleta de colores que diferencia cada escenario con tonos verdes y ocres.
Imprescindible leer esta entrevista, donde ambos desgranan el sentido y origen del cómic.


Mamoru Hosoda (La chica que saltaba a través del tiempo, Summer Wars) es una de las principales figuras del anime del siglo XXI. Sus películas se caracterizan por, en un marco de fantasía, unir con elementos de la tradición cultural (aquí, el mundo de Jutengai) con el Japón contemporáneo (Shibuya) -que se diferencian por sus texturas y colores- y aportar una mirada reflexiva y positiva sobre las relaciones familiares.
El niño y la bestia incide en temas que tratan los cómics anteriores: el establecimiento de vínculos paternofiliales basados en el amor, la importancia de las pautas de comunicación entre padres e hijos, la toma de conciencia sobre las diferencias -que siempre son construcciones culturales- o la adolescencia como etapa en la que se busca una nueva identidad -puede ser mirando hacia el pasado o hacia el futuro-. Nos recuerda, además, que la luz solo llega a través del encuentro sincero entre personas y que todos somos, al mismo tiempo, maestros y aprendices de otros.

jueves, 29 de marzo de 2018

Novelistas

Michèle Gazier y Bernard Ciccolini, Virginia Woolf (2011)
Jesús Marchamalo y Marc Torices, Cortázar (2017)
Premio de las Librerías de Navarra 2018
Premio Mejor Obra Nacional Splash Sagunt Comic Festival 2018

En la última década, el diálogo entre cómic y literatura ha dado como fruto, además de muchas adaptaciones de novelas, la aparición de un nuevo subgénero: la biografía de reconocidos escritores.
Kafka (R. Crumb, 1996) fue el antecedente al que han seguido B. Traven. Retrato de un anónimo célebre (Golo, 2007), The Beats (Harvey Pekar et al., 2009), Piscina Molitor. La vida swing de Boris Vian (C. Cailleaux y H. Bourhis, 2009), La huella de Lorca (El Torres y C. Hernández, 2011), Superzelda: la vida ilustrada de Zelda Fitzgerald (T. Lo Porto y D. Marotta, 2011), Pessoa & Cia (L. Pérez Vernetti, 2012), Thoreau: La vida sublime (M. Le Roy y A. Dan, 2012), el Premio Nacional de Cómic Dublinés (A. Zapico, 2012), Gabo: Memorias de una vida mágica (Ó. Pantoja et al., 2013), Rulfo: Una vida gráfica (Ó. Pantoja y F. Camargo, 2014) o Lorca: Un poeta en Nueva York (C. Esquembre, 2016).



Nos acercamos a este fenómeno a través de dos obras publicadas por Impedimenta y Nórdica, editoriales que tratan con mimo cada obra y están construyendo un catálogo que combina clásicos, contemporáneos y novela gráfica, difuminando los límites entre géneros y artes.
Virginia Woolf aprovecha la ingente cantidad de material -cartas, diarios, ensayos y novelas- que dejó su protagonista para presentar una visión de esta autora que recoge los episodios más destacados de su vida: la creación del grupo de Bloomsbury en torno a ella y sus hermanos, la dirección de Hogarth Press, su compromiso social, el papel de la familia, el sufrimiento provocado por las sucesivas pérdidas, el transtorno bipolar y, sobre todo, su obra literaria.
Michèle Gazier -traductora y profesora de  español, crítica literaria, editora, novelista, guionista de documentales y autora de varias obras sobre mujeres artistas en colaboración con otros dibujantes- reconoce la influencia de la biografía autorizada de Quentin Bell. Al mismo tiempo, coincide con el enfoque que plantea una obra publicada el mismo año: Virginia Woolf. La vida por escrito (Irene Ch. Bauer, 2012), donde las sombras necesarias para entender a la persona y la obra no ocultan las luces de una de las escritoras anglosajonas fundamentales.
Las acuarelas de Bernard Ciccolini -ilustrador infantil, editor y dibujante de biografías sobre Coco Chanel, Diane Fossey y, junto a Gazier, La Pasionaria-, con su trazo a veces áspero, como si intentase reflejar la disonancia e inestabilidad presentes en la vida de Woolf, y los colores pastel, reflejo de su melancolía, son el complemento perfecto para los textos redactados en primera persona de una obra en apariencia sencilla, pero perfectamente construida.
Si la capacidad de los autores para sintetizar la vida y obra de Virginia Woolf han despertado vuestro interés por la autora, una vía de acceso pueden ser los ensayos breves Hawort, noviembre de 1904 -el primer texto que publicó en The Guardian (ver página 25 del cómic), donde se muestra ya como una aguda crítica literaria- y Horas en una biblioteca, publicado en 1916 en The Times Literary Supplement (ver página 27). También, por supuesto, el breve volumen Virginia Woolf, las olas, escrito por otro de los autores del mes...

Y es que hace pocas semanas tuvimos la suerte de dialogar con Jesús Marchamalo y Diego Martínez, guionista y editor de Cortázar, una obra que parece destinada a convertirse en referencia para el aficionado a la literatura que se acerca de manera ocasional al cómic -precisamente, ambos citaron Las meninas como influencia y referente a la hora de plantearse el relato-.
Mientras que su guionista utiliza las herramientas que le son habituales y por las que es reconocible -las pequeñas anécdotas como vehículo para desvelar al autor y comprender su obra; los libros como objetos físicos que reflejan la personalidad y los intereses de su dueño; la construcción de un relato no necesariamente cronológico ni planificado con antelación; el respeto por el biografiado-, la gran sorpresa de esta novela gráfica es Marc Torices, su dibujante.
A través de las páginas de Cortázar disfrutamos con la evolución del artista, la variedad de sus registros expresivos y recursos, su capacidad para ampliar -no solo reflejar, interpretar o complementar- los significados del texto original, su habilidad para introducir una reflexión metalingüística sobre el dibujo como acto físico y tangible -aquí se establece un paralelismo con el efecto que generan las fotografías de las obras originales y de la biblioteca de Julio Cortázar- y dotar de una nueva estructura al relato, que se convierte en circular y tiene como ejes narrativos visuales los trenes y el humo. Un maravilloso autor del que ojalá volvamos a saber pronto... Mientras tanto, no os perdáis esta entrevista ni su blog, donde se puede encontrar esta solución gráfica que finalmente no forma parte de la obra:
Como acercamiento a la figura de Cortázar, os recomendamos la entrevista realizada por Soler Serrano en 1977 en el programa A fondo de Televisión Española (parte I y parte II). Es, además, otro de los hilos conductores del cómic.


jueves, 15 de marzo de 2018

Marchamalo y Nórdica: encuentros entre literatura y cómic

© Clara Frago

Jesús Marchamalo, guionista de la novela gráfica Cortázar (que ha contado con los fantásticos dibujos de Marc Torices) ya nos mostró su admiración por el autor argentino en Cortázar y los libros, un retrato imaginado a partir de su biblioteca personal.
Tampoco el mundo de la ilustración le era desconocido: varios de sus textos -El foiegras de Gris y otras historias de pintores, 39 escritores y medio, 44 escritores de la literatura universal, Palabras- están acompañados por las obras de Damián Flores y Mónica Gutiérrez Serna. Además, en los últimos años elabora junto a Antonio Santos breves retratos de escritores, publicados por Nórdica Libros.
Diego Moreno es el fundador y director de esta editorial. En su catálogo ocupan un lugar importante los cómics y los libros ilustrados para niños y adultos.
Gracias a que se encuentran en Pamplona para recibir el Premio de las Librerías Navarras 2018 y a la colaboración de Villar Arellano (Civican) podremos conversar con ambos sobre cómic, literatura y edición.
Una oportunidad perfecta para complementar la tertulia de abril, centrada en Cortázar y en la biografía de Virginia Woolf... De la que, por cierto, también podrá hablarnos Marchamalo, autor de Virginia Woolf, las olas.
© Clara Frago

viernes, 16 de febrero de 2018

Autoras muy actuales

Mariko Tamaki y Jillian Tamaki, Skim (2008)
Premio Ignatz 2008 a la mejor novela gráfica. Cuatro nominaciones en los Premios Eisner 2009.
Kelly Sue DeConnik, Emma Ríos y Jordie Bellaire, Bella Muerte #1-5: El alcaudón (2013-14)
Cuatro nominaciones en los Premios Eisner 2014.

Pese a tratarse de cómics muy diferentes en lo formal, hay varias conexiones biográficas y argumentales entre las dos obras que comentamos este mes:
  • Han sido realizadas por equipos creativos más o menos estables. DeConnik y Ríos ya habían trabajado juntas, mientras que las primas Tamaki publicaron seis años después Aquel verano.
  • Sus autoras están desarrollando carreras con buena consideración por parte de la crítica y en algún momento han tomado contacto con la gran industria estadounidense.
    • DeConnik es guionista habitual de las principales editoriales (Marvel, DC, Dark Horse, Image, etc.).
    • Ríos ha pasado de los fanzines al mercado nacional y anglosajón. En esta entrevista habla sobre las diferencias entre trabajar para el mundo del cómic independiente y el comercial, y aquí repasa su carrera.
    • Mariko Tamaki ha escrito recientemente una miniserie protagonizada por Supergirl y la serie regular de Hulka.
    • Jillian Tamaki es la que menos se ha introducido en el mainstream, con solo una pequeña historia alternativa protagonizada por Dazzler, un personaje menor del universo Marvel, reflejo de la cultura disco en los años 80. Ha trabajado también en el mundo de los videojuegos, colaborando en el desarrollo de Jade Empire.
  • Skim y Bella Muerte están protagonizadas por parejas de mujeres (Lisa y Kim; Alice y Ginny) que mantienen la misma estructura de relación, con tensiones constantes entre aquello que las une y lo que las separa. La aparición de una tercera persona (Katie y Sissy) determinará su futuro y pondrá en cuestión sus identidades.
Lisa: - No me puedo creer que sean las "CHICAS celebran la vida" y que haya una foto de un tío muerto en su tablón Y que vayan a ver una película de un tío muerto.
(...)
Kim: - ¿Por qué? ¿Estás pensando en unirte?
Lisa: - ¡Ja! ¡Antes me cuelgo!
Skim y Aquel verano (que leímos hace dos años) parecen contarnos historias similares, que giran alrededor de los conflictos surgidos en la adolescencia, la exploración de la sexualidad y cómo los diferentes ritmos en el desarrollo personal pueden hacer que nos alejemos de aquellas personas a las que creíamos estar unidas para siempre.
Además de todo eso, con el ropaje de una historia de instituto las Tamaki presentan una acertada crítica de los mecanismos de presión social que intentan decidir cómo nos sentimos y qué debemos creer, promulgan una explicación oficial de las diferencias que ponen en cuestión el sistema y decretan los medios que deben utilizarse para solventar cualquier desviación de la norma.
Para Mariko Tamaki, "Skim refleja la experiencia de una niña que se convierte en adolescente, se enamora, crece (...) Va a una escuela privada femenina en Canadá, que no es diferente a la escuela secundaria a la que fui, por lo que hay elementos autobiográficos. La historia en sí es ficción."
Ginny: - Te has buscado un ejército de muertos, tullidos... y cobardes. ¿Crees que eso te da ventaja?
Alice: - No necesité ninguna ventaja para quitarte tu forma la última vez. Ni la necesito ahora. Tú eliges.
Ginny: - Nunca pude elegir.
Seguramente, Bella Muerte alcance su verdadera dimensión cuando podamos leer la saga completa, con historias independientes unidas por algunos personajes. Con una estructura narrativa que exige el esfuerzo e implicación del lector, es un western fantástico donde se condensan muchas influencias artísticas -los cantares de ciego, el cine de Sergio Leone, Lee Van Clift o Meiko Kaji, el manga, las parcas romanas-.
Los puntos fuertes de la obra están en sus personajes -"No estoy en la cabeza de Ginny (...) Se distanció de mí. Hay otros personajes en el libro que me dejan ver más de sí mismos, como el ciego o la niña cuervo. En muchos sentidos, Ginny es aún un misterio." (DeConnick)- y en la libertad creativa de sus autoras para crear su propia mitología -"Siempre he considerado Bella Muerte como una zona segura para disfrutar de la creación de un mundo, explorar conceptos que nos importan y dar vida a los personajes mientras nos retamos mutuamente" (Ríos)-.

jueves, 18 de enero de 2018

Revisar un clásico: Maus

Art Spiegelman, Maus: Relato de un superviviente (1973-1991)
Premios en el Festival de Angoulême (1988 y 1993), Eisner (1992), Harvey (1992) y Pulitzer (1992).
Art Spiegelman y Hillary Chute, MetaMaus (2011)
"Lo más interesante de los tebeos para mí tiene que ver con la abstracción y las estructuraciones que implica la página del cómic, el hecho de yuxtaponer momentos temporales. En una historia que trata de convertir en cronológico y coherente lo incomprensible, la yuxtaposición de pasado y presente insiste en que el pasado y el presente están siempre presentes: uno no desplaza al otro." (MetaMaus, p. 165)
En 1989, la inusual colaboración entre una editorial de cómics (Norma) y otra de literatura y ensayo (Muchnik) trajo a España la primera parte de Maus, finalizada solo tres años antes. Sin embargo, hubo que esperar bastante más para acceder a la obra completa: Planeta De-Agostini la publicó en 2001, cuando ya había pasado una década desde su edición original. Después, además de en múltiples reediciones en castellano, se ha podido leer en catalán y gallego.
A partir de ese momento Maus ha sido, para parte de los lectores de novela gráfica, uno de los paradigmas del cómic, la obra que ejemplifica y resume todas sus características y valor artístico. Quizá por ello se sigue acumulando bibliografía académica, desde distintas perspectivas, sobre ella.
Además, para muchas personas supuso, en los inicios del siglo XXI, su primera experiencia con el cómic adulto (Watchmen significó algo parecido a finales de los 80). ¿Se trató solo de una feliz causalidad, de la coincidencia con el inicio de la "normalización" de este arte en nuestro entorno, de la eficaz influencia legitimadora de una referencia comercial al Premio Pulitzer 1992? ¿O hay algo que convierte Maus en una de las mejores obras que ha producido el "noveno arte"? 
A veces, el esfuerzo inconsciente por estar subidos a la ola de una contemporaneidad entendida como inmediatez, novedad y rechazo a todo lo que parezca mainstream, provoca cierto escepticismo hacia este relato que vio sus primeras páginas -la historia Prisionero en el planeta infierno- hace ya cuarenta y cinco años. Con ojo de lector experto, hay quien parece insinuar que Maus está superado, que ya no puede decirnos nada interesante ni conmovernos, que no merece la pena volverlo a leer y que hastía hablar de nuevo sobre él.
"... me gusta comunicarme con claridad. Es un placer. Y en cuanto te interesas por la comunicación, enseguida desconfías de la Alta Cultura. Mucho de lo que ocurre en las enrarecidas estancias del arte es que la palabra comunión reemplaza a la palabra comunicación y participas en una especie de experiencia religiosa en la que el artista es el chamán. (...) Y siempre, sea virtud o defecto, he intentado contactar con los demás. Los cómics tienden a la comunicación directa y a la claridad. Su carácter expositivo se adecúa a la tarea porque invita a ambas partes del cerebro a lidiar con la información." (MetaMaus. pp. 171 y 174).
Hay algo innegablemente especial en este cómic, capaz de desbordar el espacio de una revista alternativa como RAW, recoger eficazmente las influencias de, entre otros, su admirado Harvey Kurtzman y construir un relato con múltiples dimensiones: el genocidio, pero también (sobre todo) el retrato de relaciones paternofiliales y de pareja, del propio mundo de la creación artística y su influencia mutua con la vida cotidiana. Una narración que nos hace reflexionar sobre la necesidad de seguir luchando pese al innegable peso del azar en nuestras vidas.
"El tema de Maus es la recuperación de la memoria y, en última instancia, su creación. (...) Trata de un dibujante que intenta imaginar lo que vivió su padre. Trata de elegir, de descubrir qué puede contarse, qué puede revelarse y qué puede revelarse más allá de lo que uno sabe que está revelando. Esas son las cosas que hacen la obra resistente a las tensiones...  meter a los muertos en cuadraditos." (MetaMaus, p. 73)
Maus es más que uno de los principales hijos del underground de los 80, el relato autobiográfico que popularizó el género o un inteligente ejercicio técnico y metalingüístico: es una indiscutible obra maestra. Con casi ciento veinticinco años de historia  del cómic y en un contexto de cambio cultural y desarrollo acelerado, no es un disparate -al menos, no más que en otras artes- comenzar a hablar de clásicos y obras canónicas. Esta historia es, sin duda, una de ellas.
"Creo que los aspectos formales son los que hacen que el libro siga emocionando (...) Hice el libro para que durara, y fue su estructura tan compleja lo que aguantó la obra y a mí. (...) Tuve que poner mis intereses formales al servicio de la narración. Implicó pelearme con las limitaciones y las posibilidades del cómic para resolver cómo traducir la narración." (MetaMaus, p. 74)
Coincidiendo con la reciente visita de Spiegelman al Museo Reina Sofía, la tertulia de febrero será una oportunidad para comprobar cómo hemos cambiado desde nuestra primera lectura de Maus. Además de la propia obra, os esperamos con el caudal de información que contiene MetaMaus (cualquiera de las entrevistas a Spiegelman es interesante) y, sobre todo, una mirada fresca, como la que mostraba Rafael Marín en el mítico foro Cómic a Gritos en 2001 y recoge Guía del Cómic:
"Es apasionante. La historia de Art y su padre es casi más interesante que la historia del padre como superviviente. El equilibrio es perfecto: hay risas y llanto, un retrato psicológico perfecto (el del padre) y la reconstrucción de dos épocas (los años cuarenta y ahora) de sombrero. (...) Cuando, después de leer las historias de las ratas judías y los gatos nazis Spiegelman, en la penúltima página, te muestra una foto real de su padre... joder, no es que se te salten las lágrimas, es que se te tambalea el tebeo y la percepción de la realidad. El virtuosismo narrativo de Spiegelman es total. Y la reconstrucción de la forma de hablar de su padre (que se perderá, me temo, en la traducción) es impresionante. Uno acaba admirando y odiando por igual al viejo, igual que él. Dadle una oportunidad. Ojalá hubiera muchos más cómics de este estilo: narrativa dibujada, novela dibujada, historia dibujada, biografía dibujada."

lunes, 18 de diciembre de 2017

Angoulême 2018

Dedicamos la tertulia de enero, mes en que se celebra el 45º Festival Internacional del Cómic de Angoulême, a comentar obras destacadas en ediciones anteriores (ya lo hicimos en 2016 y 2017).
Hemos elegido dos cómics que superan los límites de la autobiografía: a partir del relato de las vivencias personales, son capaces de mostrar realidades generales, conectar con nuestras propias experiencias e invitar a la reflexión.




Roz Chast, ¿Podemos hablar de algo más agradable? (2014)
Selección Oficial 2016
Premio Kirkus a la mejor obra de no ficción 2014
Finalista del National Book Award (no ficción) 2014

"Ilustradora de prensa y libros juveniles y autora de cómic, la neoyorquina Roz Chast relata los últimos años de sus padres con una ternura, humor y fidelidad a los hechos que harían palidecer de envidia a Woody Allen. Este testimonio íntimo, que tiende a lo universal, sobre las relaciones entre padres e hijos y las responsabilidades familiares, se enmarca en una narración y un dibujo alegres."
La web oficial de Angoulême describe así esta novela gráfica, diario de casi diez años en la vida de la autora, vinculada a The New Yorker desde 1978. Una obra que retrata la peculiar relación entre sus padres y su forma de afrontar las emociones -tan contradictorias como complejas son las dinámicas familiares- que le provoca el inevitable camino hacia la muerte de ambos.

 "Cualquier tipo de imagen que pudiera haber tenido de mí misma como una hija generosa, paciente, dulce y cariñosa que cuidaba felizmente a sus padres en su vejez tardó más o menos una hora en venirse abajo."
Roz Chat utiliza el humor como ayuda para reflejar con sinceridad el dolor y el miedo, mientras que la ironía y la caricatura le permiten alejarse del dramatismo inncesario o la autocomplacencia. Hace explícita, además, una realidad que socialmente tendemos a ocultar, como el viejo matrimonio protagonista. Y descubrimos que no hay soluciones fáciles ni perfectas, pero que un buen sistema público de apoyo a las personas que ya nos son autónomas es más necesario cada día.


Brigitte Findakly y Lewis Trondheim, Las amapolas de Irak (2016)
Selección Oficial 2017

- Yo también soy árabe.
- ¿Ah, sí? ¿De dónde vienes?
- De Irak.
- Ah... Entonces eres musulmana.
- No, soy árabe pero cristiana.
- Si eres cristiana, no eres árabe.
- ¡Claro que sí! Árabe es solo por la zona geográfica.
- No, no. Todos los árabes son musulmanes.
-¡Bobadas!
- ¡PFFF!

Publicado por entregas en La Matinale du Monde (una aplicación móvil de Le Monde) entre 2015 y 2016, Las amapolas de Irak muestra cómo las similitudes y diferencias entre confesiones religiosas se basan más en las tradiciones que en la fe, analiza la dinámica social del país -lo que ha cambiado y lo que aún continúa- y sirve como crónica de una compleja situación política donde la sinrazón de la violencia, representada por militares que corren de un lado para otro, siempre convierte en víctimas a las clases populares.
Al mismo tiempo, ejemplifica los obstáculos que los mecanismos administrativos generan a las personas migrantes y cuáles son sus dificultades en la sociedad de acogida: burocracia, sistema educativo, pervivencia de estereotipos, sentimiento de desarraigo.
 L'Association reseñó con acierto esta obra de dos de sus autores:
"Nacida en Irak a principios de la década de 1960, de padre iraquí y madre francesa, el libro describe su infancia en Mosul, una ciudad del norte de Irak, en una época en la que se sucedían los golpes de estado y las dictaduras militares, mucho antes de la llegada al poder de Saddam Hussein. Siguiendo el hilo de sus recuerdos, descubrimos una vida familiar afectada por las aberraciones de la dictadura y sus repercusiones en la vida cotidiana, hasta el inevitable exilio en Francia a comienzos de los años 70. Una llegada a Francia que también fue difícil, una experiencia migratoria hecha de dificultades administrativas, sociales y culturales.
En este contexto de tristes noticias, Lewis Trondheim y Brigitte Findakly retratan, a través de piezas de carácter costumbrista tan directas como delicadas, la singular trayectoria de la colorista que, por primera vez, protagoniza una obra. Enmarcada con fotos y paréntesis informativos sobre las costumbres, la cultura iraquí y sus recuerdos, compartimos con ella la nostalgia de quienes han dejado atrás su país de origen, así como los vínculos fugaces que perduran. Como las amapolas que se marchitan rápidamente."

sábado, 11 de noviembre de 2017

Cómic erótico

Sybilline et al. Primeras veces (2008)
Milo Manara, El Clic (1982-2001)
Guido Crepax, Valentina (1965-1995)

Pocas veces hemos comentando en esta tertulia cómics que incluyeran como un elemento central de su trama el sexo explícito. Las muestras más claras han sido el relato autobiográfico Fresa y chocolate (Aurelia Aurita), la fantasía con personajes clásicos de la literatura popular del siglo XIX Lost Girls (Alan Moore y Melinda Gebbie) y el cómic independiente Omaha (Reed Waller y Kate Morley).
Aprovechamos este mes para contraponer narrativas muy diferentes. Por un lado, la de dos artistas italianos que marcaron la historieta europea de la segunda mitad del siglo XX, pero que en el momento actual parecen muy desfasados, ya que se limitan a repetir modelos de historia y personajes sin apenas variaciones. Por otro, la de autores y autoras del cómic contemporáneo, que multiplican los puntos de vista, los temas que tratan y las formas de presentarnos sus propuestas.

"Queríamos mostrar, pero también contar. 
El sexo es ante todo un intercambio (...) Follamos porque nos gusta, porque nos descubrimos, porque aprendemos.
Me apetecía contar historias que recordasen que el sexo es hermoso y que dijeran que lo que para unos es un exceso, para otros es tierna normalidad."
Primeras veces incluye diez historias escritas por Sybilline y dibujadas por diez autores y autoras franceses, salvo Dave McKean -a él, Alfred y Cyril Pedrosa ya los conocíamos-.
Como perfecto contrapunto de El Clic y Valentina, presenta historias narradas en primera persona por las mujeres que las protagonizan. Cada una de ellas es un personaje diferente, no hay moldes que se repitan una y otra vez según las fantasías y preferencias del autor. Lo que se cuenta es mucho más que una excusa para mostrar escenas de sexo: se habla de quiénes somos, qué anhelamos, cómo nos relacionamos... Y en todo ello, como en nuestras vidas, el sexo ocupa un lugar importante.
Estos relatos breves incluyen ternura, decepción, complicidad, egoísmo, humor, fantasía, soledad, placer, dolor, vergüenza, libertad, reencuentro y, por supuesto, mucho deseo. ¿Cuál es vuestro favorito?
Traducimos aquí parte de una interesante entrevista a la responsable de los guiones de Primeras veces:
- ¿Por qué elegiste estas diez primeras veces y no otras?
- Diez ya eran muchas, me preocupaba que no funcionasen. No quería añadir una o dos historias más. Creo que elegí temas fáciles y fundamentales. Las primeras veces demasiado alejadas de lo habitual no hubiesen funcionado. Y, sobre todo, quería que se hiciesen eco de algo vivido o posible.
- Mientras escribías estas historias, confesaste que te habían molestado algunas prácticas sexuales. ¿Quieres hablar de eso?
- Vi películas X mientras escribía Primeras veces, quería ver cómo era la pornografía actual. Hay una verdadera guerra de ofertas en el porno, una escalada a veces violenta. Las películas se copian entre sí, encuentras los mismos tortazos, las mismas posiciones improbables, dobles penetraciones. A fuerza de ver esas imágenes, todo se vuelve obvio y accesible. Eh, atención, no lo critico, solo estoy un poco preocupada por quienes aprender a tocarse con el cine porno como única referencia. Escribí Negado para hablar de eso.
- Cuentas estas primeras veces con una sencillez sorprendente, con sinceridad. Para lograrlo, ¿tuviste que hacer un trabajo personal previo para gestionar tu propio pudor?
- ¡Gracias! La vergüenza es, a menudo, una muestra de inquietud en la relación con otras personas. Al principio, me dije que hacer un libro como este era tan fácil como correr desnuda bajo la Torre Eiffel. Y bueno, si lo piensas un poco, ¿por qué no? Sobre todo, me daba miedo no estar a la altura; abordar un "género" es aterrador. En cualquier caso, es más fácil poner por escrito lo que a veces no somos capaces de decir en voz alta.
- Cuando se escribe un cómic transgresor, el autor se expone mucho, ¿verdad? ¿Te preocupa la mirada de los demás?
- Aunque este libro no habla solo de mi experiencia, creo que se parece a mí. Es una obra íntima, donde cada autor ha puesto mucho de sí mismo. Donde podría pensar que iba a estar muy expuesta, al final estuve muy protegida. Por supuesto, me hice preguntas. ¿Qué van a decir, qué van a imaginar sobre mí, sobre lo que soy? Me da igual, no me importa. Aunque ese era el riesgo de aceptar este proyecto. El sexo es cada vez más accesible, pero continúa sonrojándonos y hace que nos riamos tontamente. Es un tema importante, pero delicado. Lo que saqué en claro de mis titubeos es que hacer un libro así sin asumir eso hubiera sido absurdo.
Las obras de Milo Manara y Guido Crepax, pese a inscribirse dentro del género erótico, tienen poco en común con los relatos de Sybilline. Quizá una de sus primeras veces, Negado (el sexto relato), refleja cierta actitud hacia las mujeres que está presente en los dos autores italianos:
"De hecho, todo lo hace de forma automática (...) Si pudiera, le diría hasta qué punto está al margen. Hasta qué punto es falso su imaginario sexual."

Los años 80 y 90 contemplaron el éxito del cómic erótico. Las revistas dedicadas a este género protagonizaban gran parte del crecimiento del mercado; por ejemplo, Kiss Cómix llegó a vender en España entre 20.000 y 30.000 ejemplares al mes y conoció ediciones internacionales. Según comentan quienes vivieron ese boom, el descenso drástico de ventas coincidió con el acceso masivo a internet.

 “Le propongo el mejor trato de su vida, caballero (…) Un mando a distancia para desencadenar en esa hermosa dama el furor erótico más devastador que haya experimentado en su vida.”
En ese contexto, la primera parte de El Clic (1982) mantuvo una demanda constante en librerías durante mucho tiempo. Gracias a esta breve historia, Milo Manara saltó a la fama, llegando a trabajar con Hugo Pratt (Verano indio, El Gaucho) y para Marvel -con cierta polémica- o DC Comics -donde tampoco se ha librado de conflictos-.
El relato original acumula escenas cómicas (la actitud del marido en el cine, la persecución en el hotel) que permiten enlazar los episodios sexuales. Las contradicciones narrativas se acentúan en las secuelas, con inconsistencias y cambios no explicados en la situación y actitud de varios personajes.
El interés del lector no se centra, por tanto, en el argumento, en el retrato de la corrupción e hipocresía de las clases altas o en su leve denuncia medioambiental, sino en la repetición de un modelo físico de mujer que, desde entonces, será una constante en la obra de Manara. Claudia Christiani es igual al resto de jóvenes que dibujará -de forma magistral- a lo largo de su carrera; los hombres también son personajes estereotipados -el marido viejo y engañado, el feo que desea a la joven hermosa, el excéntrico doctor extranjero, los jóvenes atractivos, etc.-, pero se diferencian entre sí por algo más que su peinado. Sin embargo, algunas explicaciones, que os recomendamos leer, convierten este hecho en un punto fuerte de su producción.
En cualquier caso, las opiniones encontradas sobre esta obra, más que en el contenido erótico -aunque el autor autocensuró una escena por temor a la posible reacción-, seguramente se centran en el rol que otorga a hombres y mujeres. El Clic muestra, a través de la exageración, una desigual relación entre géneros, pero sin aparente intención crítica: los varones insultan y pegan a la protagonista por expresar sus deseos, que ellos comparten; al mismo tiempo, se aprovechan de su conducta o la manejan como una marioneta sin voluntad propia.
En las obras de, por ejemplo, Julie Doucet también hay sexo explícito, pero presentado a través de códigos propios y una perspectiva que supera la visión androcéntrica. O -volviendo a la polémica de Manara con Marvel- es posible presentar a los personajes de una forma que les otorgue mayor significación.

“¡Diseñaré a una mujer diferente!… Nada de Dale Arden… O tipo el pelo largo y rubio… Una como Louise Brooks (…) Una con los ojos tristes.”
Valentina es un fumetto producto de la burguesía italiana de mitad del siglo XX, a la que pertenecía su autor, Guido Crepax. Las aventuras que protagoniza están llenas de elementos que forman parte del habitus de ese grupo (lo que P. Bourdieu definía como los esquemas de percepción, valoración, pensamiento y acción de una determinada posición social): referencias constantes a la mitología clásica, las grandes figuras de la alta cultura moderna y contemporánea, el surrealismo y el pop art. Particularmente interesante para la tertulia es la reivindicación del cómic de aventuras nacido en la década de los años 30: aparecen directamente Flash Gordon, Mandrake the Magician y The Phantom, mientras que las historias iniciales recuerdan a series como Secret Agent X-9 o John Carter.
La importancia de las ensoñaciones y la fantasía onírica, que tanto destaca Román Gubern en la introducción al tomo editado por Lumen (la editorial que trasladó por primera vez Valentina al castellano), conecta con el gusto de la época por el psicoanálisis; también está muy presente cierta interpretación de la teoría marxista. Como señala la historiadora del arte Francesca Lladó, su discurso da protagonismo a las “áreas del subconsciente y de la opresión sociológica.”
La evolución de las historias incrementa el protagonismo del personaje femenino y la carga erótica de las viñetas. Entre las que podéis leer en los ejemplares disponibles en la biblioteca, las más representativas son Valentina perdida en el país de los Soviets (1967), Los húsares de la muerte (1968, añadida en la reedición de Los subterráneos) y El doble delito de la calle Morgue (1976).

(Philip Rembrandt)- ¡Me parece demasiado sencillo, no puede ser así! ¡Necesitamos ir a Praga, a Vía Graficka, para pillar a los asesinos! Pero podría ser peligroso para ti.
(Valentina)- ¡Un momento! ¡Esta vez yo soy la protagonista de la historia… No puedes dejarme en casa!”
¿Es Valentina Roselli un personaje opuesto a Claudia Christiani? ¿Representa a una mujer que toma decisiones libremente, frente a quien es controlada por los hombres que la rodean? Lo comentaremos en la tertulia de diciembre 😊

Por último, gracias a Joste y Marijo por proponer el tema, a Mariví por sugerir que añadiésemos una autora y evitar así que presentásemos cómic erótico producido desde un punto de vista exclusivamente masculino, a Iosu por recomendar Primeras veces y a Nacho por su disponibilidad y esfuerzo.