sábado, 5 de octubre de 2019

Naturaleza

A. Dan (Daniel Alexandre) y Maximilien Le Roy, Thoreau. La vida sublime (Thoreau. La vie sublime, 2012)
Benjamin Renner, El malvado zorro feroz (Le grand méchant renard, 2015)
Prix de la BD Fnac 2016
Prix de la Jeunesse du Festival d'Angoulême 2016
Jiro Taniguchi, El bosque milenario (Konen no mori, 2017)

¿Por qué nos encantan las perspectivas lejanas? Porque, inmediata e inevitablemente, imaginamos una vida que vivir allí […] ¿Por qué siempre nos parecen bellos los valles lejanos, los lagos, las montañas en el horizonte? Porque por un momento nos damos cuenta de que pueden ser la casa del hombre, que la vida humana puede estar en armonía con ellos. […] Creemos que vemos estas hermosas moradas y la alegría nos invade, cuando tal vez solo veamos nuestros propios tejados. Siempre estamos ocupados en alquilar casa y tierras y poblarlas con nuestra imaginación. No hay belleza en el cielo, sino en el ojo que lo ve. La salud, la moral alta, la serenidad: he ahí los grandes paisajistas.
Henry D. Thoreau, El Diario II (1837-1881)

Tendemos a proyectar en la naturaleza nuestros deseos e ilusiones, e incluso le atribuimos rasgos humanos. Quizá animados por nuestra escasa experiencia directa en ella, la imaginamos como un ente armónico y permanentemente bello, donde se esconden la sabiduría y los secretos de una vida buena.
Los tres cómics elegidos tienen como protagonista central la naturaleza, vinculada siempre a aspectos positivos y que se entreteje con otros temas literarios habituales: la granja orwelliana como metáfora de nuestra sociedad, el grupo de niños que avanzan hacia la madurez compartiendo aventuras o la actualmente muy popular nature writing.

La estructura del cómic de Benjamin Renner recuerda a la de otros autores que también han publicado en formato web (en especial a Las amapolas de Irak) o han creado tiras de prensa (como U.S. Acres). Prácticamente cada página funciona como un gag independiente, que recupera el ritmo de la comedia francesa de Jacques Tati y el tono del vodevil, vehículo tradicional para reírse de la sociedad establecida.
Sirviéndose de algunos personajes ya aparecidos en 2008, crea una fábula ligera que combina la ternura y un humor muy efectivo: quizá conozcamos todos los chistes, pero es imposible no reírse con ellos y con la expresividad de los personajes. Como toda narración de este género, hay una moraleja relacionada con los estereotipos (aunque no parece la intención del autor), que aceptaremos sonriendo:
(9èmeArt) Me gustó la idea de una historia de animalitos que viven al margen de los humanos. Como en Los Pitufos, permite crear episodios protagonizados por los distintos personajes.
[...]
El zorro no se relaciona como un padre (o una "madre") con los polluelos, es sobre todo un compañero. Alguien con una relación distante con los niños y que, cuando los descubre, no sabe qué hacer.
Quería que fuese un poco como yo, que los encontrara entrañables y, sin saber bien cómo hacerlo, quisiera ayudarlos, aunque a veces le harten. Me he limitado a reflejar situaciones reales vividas con mis sobrinos y sobrinas. Por ejemplo, la idea de que los pollitos quieran al zorro desde el principio. No sabes cómo manejar ese cariño.

Ya conocíamos el respeto y aprecio que sentía Jiro Taniguchi por la naturaleza, reflejada en muchas de sus obras (El viajero de la tundra, El caminante).
También su convicción de que apreciar la riqueza de la creación era necesario para alcanzar la madurez y comportarse de forma correcta. Una postura acorde con su conciencia ecológica y su visión positiva del ser humano y de la vida.
El bosque milenario, obra póstuma e inacabada, conecta, en este sentido, con una de sus historias más conocidas, La montaña mágica.
Ambas comparten elementos: fantasía, sensibilidad, una mirada positiva sobre la niñez y un mensaje dirigido, sobre todo, al público juvenil.
El apartado gráfico demuestra su interés por la estética y el mercado europeo, alejado del manga más habitual. Es una lástima que solo podamos disfrutar de unas pocas páginas, con el mismo manejo de las acuarelas que en Los guardianes del Louvre y Venecia.

Thoreau. La vida sublime es un cómic con un claro objetivo pedagógico. Se centra en algunos episodios vitales del pensador norteamericano que ejemplifican su activismo político ante el descontento con el modo de vida americano, basado en la desigualdad de derechos, la esclavitud, el liberalismo y el capitalismo.
El dibujo de A. Dan convierte en protagonistas a los paisajes de Massachusetts. Thoreau fue también un naturalista que no idealizaba la naturaleza -a pesar de admirarla- y era consciente de que esta mantiene dinámicas diferentes a las humanas. Al mismo tiempo, consideraba que era el lugar donde las personas podían tomar conciencia de sí. Su influencia, deformada o no, llega hasta nuestros días.