lunes, 29 de mayo de 2017

Jiro Taniguchi

Jiro Taniguchi, El viajero de la tundra (1994-2003)
Jiro Taniguchi y Hiromi Kawakami, Los años dulces (2008)

Taniguchi (1947-2017) es el mangaka más conocido entre el público occidental, superando a Tezuka en Europa gracias a, sobre todo, el éxito de Barrio lejano. Pero, quizá ocupados por sus obras más intimistas (El almanaque de mi padre, El caminante) muchos lectores desconocen que, durante sus más de treinta años de carrera como guionista y/o dibujante, ha sido capaz de abordar géneros muy dispares: policiaco, aventuras clásicas, ciencia-ficción, wéstern, costumbrismo, slice of life...
Muchas veces inspirado por sus lecturas -Raymond Chandler, Jack London, Herman Melville, Natsume Soseki- incluso ha adaptado novelas: La cumbre de los dioses, de Yumemakura Baku y Los años dulces (El maletín del maestro, Hiromi Kawakami; publicada en castellano como El cielo es azul, la tierra blanca. Una historia de amor).

El viajero de la tundra, que recopila seis relatos breves aparecidos  en las revistas seinen Big Comic y Big Comic Spirits, es una buena muestra de esa variedad de intereses e influencias.
El páramo blanco se basa muy libremente en el inicio de Colmillo blanco; en Regresar al mar, la ballena jorobada Old Dick y la fascinación de su protagonista por los cetáceos recuerdan a Moby Dick; el joven dibujante de Shôkarô se asemeja al de Un zoo en invierno, imagen de su autor.
Al mismo tiempo, las historias tratan algunos de los temas más habituales en Taniguchi: el primer amor en la etapa que separa la infancia de la adolescencia, el respeto y aprecio por la naturaleza, las relaciones familiares, la separación y la pérdida.



En la adaptación al manga de la cuarta novela de Hiromi Kawakami, Jiro Taniguchi se mantuvo escrupulosamente fiel al relato original, protagonizado por una mujer que, con casi cuarenta años, sigue siendo una adolescente y parece eludir cualquier vínculo firme.
Nuestro autor del mes destaca los aspectos más vinculados a su estilo, refuerza su habitual ritmo tranquilo, que anima a disfrutar con atención cada viñeta, y recuerda obras anteriores como El caminante o El gourmet solitario: los locales a los que acuden el maestro y Takashi Kojima son tan diferentes en sus platos como las vidas que le ofrecen los dos hombres a Tsukiko.
Como aspecto destacable, se trata de la única historia dibujada por Taniguchi en la que el punto de vista narrativo es el de una mujer.

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