domingo, 7 de octubre de 2018

Asia

Aurélien Ducoudray y Mélanie Allag, El cumpleaños de Kim-Jong il (2016)
Sonny Liew, El arte de Charlie Chan Hock Chye. Una historia de Singapur (2015)
Tres Premios Eisner 2017, incluyendo el de Mejor guionista/dibujante.

Este mes tenemos la oportunidad de acercarnos a la historia reciente de dos países asiáticos radicalmente distintos, aunque marcados por el enfrentamiento entre las grandes potencias. Las  obras elegidas tienen la virtud de mostrarnos las dinámicas geopolíticas del área destacando las consecuencias para sus habitantes, indefensos ante los intereses de quienes detentan el poder.

Aurélien Ducoudray ha sido fotógrafo y redactor de prensa, periodista en televisión, documentalista y, desde 2010, guionista de varios cómics que abordan la biografía, el humor, la fantasía, la ciencia ficción y el periodismo.
Mélanie Allag es ilustradora de libros infantiles. En El cumpleaños... pone por primera vez sus lápices de colores al servicio de un relato adulto.


Ambos combinan sus habilidades profesionales para construir una historia, tan dura como necesaria, que parte de testimonios de refugiados y profesionales. Conocemos a Jun Sang, el protagonista, cuando tiene ocho años, y lo dejamos a los dieciséis. Como cualquier otro niño, irá modificando su visión del mundo, pero en su caso la pérdida de la ilusión y de la confianza desvelan las consecuencias de una cruel dictadura militar.
A. Ducoudray: Obviamente, la escritura periodística deja huella en la manera de abordar los temas (ángulo, tratamiento, deontología), pero la ficción permite una gran libertad al escribir (...) Lo que más me interesa como fotoperiodista o guionista son las personas (...) Una historia solo puede ser interesante si se profundiza en personajes interesantes (...) Si son únicamente sobres bonitos pero vacíos, la historia no te afectará.
El desencanto y el sufrimiento son perfectamente reflejados por Allag, que comienza utilizando el color para mostrar después, a través de los grises y la sinuosidad de unos cuerpos desencajados, el dolor y el hambre extremos. Lo explica mucho mejor la propia autora:
M. Allag: Para contarlo desde el punto de vista de un niño normal de ocho años, de un orgulloso norcoreano, Aurélien, que conocía mi trabajo en ilustración juvenil, necesitaba una línea que imitara el lado pop de las imágenes propagandísticas, un diseño cercano al mundo de la infancia (...)
Gráficamente, el comienzo de la historia tenía que seguir los códigos de esa propaganda, por lo que el color tenía un papel en la narración (...) que desaparece en la segunda parte de la historia, en el campo de trabajo. En estos últimos capítulos, el tratamiento gráfico es un poco más difícil. Vemos a Jun Sang crecer a medida que pasan las páginas hasta que al final, cuando sacamos un poco la cabeza, el color vuelve.
Hace tres años leímos Pyongyang. Sin embargo, volver a Corea del Norte a través de El cumpleaños de Kim Jong-il era necesario: Delisle nos mostraba un país insólito y extravagante, pero Ducoudray y Allag retiran el disfraz de lo exótico para hacernos chocar con la realidad del sufrimiento de millones de personas.
Para conocer algo más sobre esta nación y el papel de otros países en su génesis y mantenimiento, es muy recomendable Corea del Norte. Un mundo aparte (Vanguardia Dossier 66, 2017). En algunas entrevistas, el guionista ha citado las obras que tomó como referencia: Evasión del Campo 14 (Blaine Harden), Querido Líder. Vivir en Corea del Norte (Barbara Demick), Le dernier testament de Kim Jong-il (Arnaud Duval) y Je regrette d'être né là-bas (M. Buissonière y S. Delaunay). Además, César nos recomienda el blog donde Marc Bernabé cuenta su reciente viaje al país.



El arte de Charlie Chan Hock Chie. Una historia de Singapur refleja en su título las tres dimensiones (cómic, vida, Singapur) de una obra necesariamente extensa para abarcar tanta información y significados.
En primer lugar, Sonny Liew elabora un catálogo de la historia y posibilidades del cómic, sus técnicas, evolución temática y estilística. Sus páginas le sirven para presentar obras en aguada, óleo, lápiz... sobre soportes múltiples -prensa, bocetos, propaganda, pósteres, publicaciones baratas, etc.-. Hay continuos homenajes a grandes figuras del medio, como el Tezuka inicial, Jiro Taniguchi, Stan Lee, Steve Ditko, Bernie Krigstein, Winsor McCay, Harvey Kurtzman, Hergé, Frank Miller o Carl Barks.
Al mismo tiempo, recorre muchos de los hitos que han marcado al noveno arte por su éxito comercial a lo largo del tiempo: las historias de consumo de los comic book de ciencia ficción, hazañas militares, humor o infantil; las daily strips protagonizadas por animales; el cómic de superhéroes como heredero del pulp...
Tanto por este recorrido histórico como por presentar el arte como una vía para reflexionar críticamente sobre la realidad sociopolítica, El arte... puede recordar a Sin la sombra de las torres, de Art Spiegelman. Gracias al juego con el lenguaje del cómic, conecta también con 99 ejercicios de estilo (Matt Maden) y el reciente Homónimos (Antonio Navarro).
Seth construyó en La vida es buena si no te rindes la vida de un humorista gráfico de relativo éxito en las publicaciones norteamericanas de los años 50. Se trataba de un medio para rendir homenaje a la época y sus icónicos autores, pero también para hablar sobre qué es lo realmente importante en nuestras vidas y cómo tomamos las decisiones que marcan nuestro futuro.
Kalo y Charlie Chan Hock comparten su relativa intrascendencia dentro de una industria que busca productos de consumo de masas; sin embargo, se diferencian en su elección final. El capítulo 8 (El rey de los cómics) y el epílogo (Un anciano, a fin de cuentas) hacen explícitas las intenciones de Sonny Liew respecto a estas dos primeras dimensiones.
En cierto sentido, Charlie Chan es una voz que, llevada por un imperativo ético y por su amor al cómic, sacrifica su vida personal para intentar contar una versión alternativa de la historia, pero que acaba silenciado por las instituciones.


Por último, El arte... es un recorrido cuidadosamente documentado por la historia de Singapur en el siglo XX, cuando su estratégica localización comercial lo convirtió en objeto de deseo de muchos actores internacionales (Gran Bretaña, China, Malasia, Japón).
En la actualidad, la antigua lucha entre capitalismo y comunismo -que escondía la defensa de los intereses de empresas y clases pudientes- se ha trasmutado en la perpetuación de una desigual distribución de la riqueza, mientras que el conflicto étnico sigue vigente desde la colonización.
Sonny Liew (bananawriters.com): La idea central del libro estaba bastante clara desde el principio: contar la historia de Singapur a través de un relato ficticio en forma de cómic. Pero su naturaleza evolucionó bastante. Lo que había sido concebido como un libro con ensayos y extractos de imágenes de las obras de una serie de creadores imaginados acabó centrándose en un artista, y los ensayos se convirtieron en más cómics, al estilo de Scott McCloud.
Pensé que un libro que cubriera un periodo tan amplio de la historia y que contuviera tantas rupturas de estilo debía ser más sencillo en otras áreas. Por eso, reduje algunos elementos para asegurar que la narrativa fuese más manejable tanto desde el punto de vista creativo como para el lector (...) El truco consiste en tratar de introducir diferentes elementos de manera gradual y sutil, mostrar al lector cómo leer el libro mientras lo hace.
He pasado la mayor parte de mi vida en Singapur y siempre he sido vagamente consciente de que existían relatos que cuestionaban la narrativa histórica dominante. La llamada "Historia de Singapur" fue contada por el partido gobernante (...) Para ponerlo en perspectiva, habría que imaginar un Estados Unidos en el que un solo partido hubiese estado al frente de todos los poderes gubernamentales y cuál sería su influencia sobre el discurso histórico. Sin embargo, diría que no se trata tanto de revisar la historia como de presentar una más inclusiva. Aunque pueda perderse parte de certeza, será más fiel a la riqueza del pasado del país.
En la medida en que las cuestiones históricas pueden moldearnos y afectar la forma en que pensamos y nos comportamos, un relato más inclusivo será, sin duda, positivo. 
Creo que el papel político de los cómics es solo una manifestación de las formas narrativas que pueden asumir. Su aspecto visual los ha convertido en un potente medio de comunicación, ya que su producción y distribución son relativamente baratos. Añadiría incluso que la noción de los cómics como medio juvenil es una espada de doble filo, una que lo malinterpreta pero que, al mismo tiempo, le permite transmitir mensajes bajo el radar.

3 comentarios:

  1. Gracias, Jesús, por citar mi recomendación.

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  2. Muy interesante, gracias; y por citar a Sergio ;)

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  3. Ricardo, supongo que te refieres a Seth y que el corrector cambió el nombre... Efectivamente, siempre es buen momento para citar al mejor autor de la historia :-D

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